Para Reflexionar

Comunicación familiar

Para que la comunicación de la pareja constituya una experiencia viva y rica que refuerce la relación hay que expresar sentimientos, afectos y emociones. Para que una pareja mantenga viva su relación afectiva y para que una familia conserve su funcionalidad es imprescindible la disponibilidad para no evadir el esfuerzo, ni huir, cuando sea preciso, del sacrificio.La comida es un pretexto para el encuentro y el diálogo, así como la convivencia, compartir la fiesta y el tiempo libre, preparar las vacaciones, celebrar acontecimientos todos son modos de decir “te quiero”, valorar y sentirse valorado ayuda a crecer, pero en el intercambio y el diálogo lo más importante es la consideración, la empatía y saber escuchar.Escuchar implica el proceso voluntario de conectar con el mundo del otro para tratar de comprenderlo. Supone la decisión de no evaluar, de no juzgar, de no criticar… con la intención de liberarse de ruidos que en forma de prejuicios o de ideas irracionales se hacen presentes y distorsionan los mensajes que nos llegan del otro. Una pareja y una familia para que sea viable y funcional depende fundamentalmente de las pautas de comunicación que se establezcan entre sus miembros, no como una forma de imponer los criterios propios, de descalificar sistemáticamente y de emitir juicios respecto a las opiniones que no coinciden con las que cada uno defiende. Dialogar con el esposo, la esposa o los hijos no equivale a vencerlos o a salir vencidos. Un buen diálogo no genera la sensación de victoria o derrota. La función del dialogo es contribuir a resolver los problemas que la convivencia acarrea y propiciar encontrar salidas que pueden ser aceptadas por la mayoría. Una comunicación sincera en el contexto familiar estimula la búsqueda de acuerdos y aleja el despecho y hostilidad que se surgen cuando uno se siente ignorado, minusvalorado o derrotado. La comunicación/dialogo se caracteriza por ser duradera y al mismo tiempo flexible, y también implica el compromiso de modularla en la medida que lo demandan las circunstancias. Las familias que saben dialogar se aceptan y alientan los intereses divergentes que existen entre ellos y además que estos se expresen abiertamente. Las diferencias son aceptadas, respetadas y alentadas.Es falso el diálogo cuando las personas implicadas se someten al mito de la unidad, renunciando a expresar desacuerdos con el propósito de evitar posibles conflictos. Y entonces no se admiten diferencias, ni se toleran discrepancias porque cualquier desacuerdo es contemplado como una amenaza para la relación. Cuando en una relación surge el desacuerdo, la única alternativa que queda es la negociación. Negociar es tener la capacidad de aproximación a los puntos de vista del otro y de abandono de algunos de los propios que, inicialmente, pueden parecer irrenunciables. 


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