Para Reflexionar

Compromiso

El amor sin compromiso es una posición social inventada, artificial y vacía que carece de propósito y no resiste el paso del tiempo. 

Toda relación humana, aún la aparentemente más efímera, implica un compromiso, aunque no existan papeles firmados, ni contratos, porque por el solo hecho de establecer un vínculo exige responder a expectativas ciertas.

Cuando buscamos y deseamos una pareja nuestra ilusión es que sea para siempre, aunque no llegue a concretarse nunca. Por eso, aunque una pareja no tenga el propósito de un compromiso formal, igualmente será una relación que no estará exenta condiciones, promesas y ajustes. El hecho de no vivir juntos ni de no compartir todos los ámbitos de la vida, obligará a ambos a respetarse mutuamente sus respectivos espacios y sus compromisos.

El diccionario define compromiso como una obligación contraída, la palabra dada y que, obviamente, se tiene intención de cumplir: aquello que se hace por adelantado, como cuando antes de irnos o anunciamos que volveremos.

Comprometerse implica que se cumplirá aquello que se dice. Las promesas, los compromisos, pueden no cumplirse, pero comportan una ruptura, una traición.

En el amor, (el verdadero) el compromiso va acompañado de intimidad y de afecto. El compromiso implica una orientación hacia el futuro en la que se supone que la persona será y querrá aquello que es y quiere en el presente. Pero en nuestra modernidad líquida y en una toma de decisiones basadas en supuesta autenticidad, el cumplimiento de las promesas resulta ser una carga por la discontinuidad potencial de la persona (tal vez mañana sea algo que hoy no soy).

Constituidas bajo condiciones endebles, sin compromiso, las parejas se enfrían, no resisten el paso del tiempo y terminan separándose; porque en definitiva se trata de dos extraños que no se llegan a conocer, que intentan lo imposible, mantener una relación que no se sostiene por falta de historia, de significados y de presencias.

El compromiso hace posible el amor verdadero, pero no se mantiene como fosilizado, porque el amor exige cambio y renovación constante. Relacionarse es arriesgarse con confianza, interesándose en el otro como si fuera parte de uno mismo. No se trata de evaluar beneficios o pérdidas o si me sirve o no me sirve. El otro es alguien significativo que va a compartir una historia común.

Lo que hace que una pareja sea estable en el tiempo es la maduración mutua, su desarrollo pleno, su entusiasmo permanente, es decir, su compromiso. Sin compromiso no es amor. 


luisrey.delgado@grupolala.com