Para Reflexionar

Compromiso

Parte de nuestra cultura mexicana tiene que ver con la manera en que fuimos educados y formados desde nuestra infancia. Las características de nuestra personalidad en sus aspectos positivos y negativos las obtuvimos de relaciones significativas. Con la imagen de referencia paterna, aprendimos a conquistar, a luchar, a perseverar… Con la imagen de referencia materna, aprendimos el servicio, la expresión de las emociones, la ternura… Y con la imagen de referencia fraterna, adquirimos el espíritu de competencia, colaboración y el valor de compartir.Vemos en nuestras comunidades, grupos y organizaciones actitudes de apatía, resistencia al compromiso y dudas a la hora de la acción y sobre todo del riesgo. No cualquiera se compromete, no cualquiera asume la responsabilidad sobre alguna actividad, en los consejos de diversas organizaciones vemos siempre a los mismos, que son elegidos porque sí trabajan, los demás son como seguidores pasivos. Algo hay en nuestra cultura y en nuestra formación que nos hace reticentes al compromiso, algo queremos evitar, quizá nos preocupe el ridículo o fallar.En nuestros comportamientos cotidianos observamos actitudes de cuidado, demasiado tentativas, poco decididas, temerosas… nos paralizamos ante los cambios y evitamos asumir riesgos en las relaciones interpersonales… Da la impresión que somos taimados, inseguros y poco creativos. La raíz de estos comportamientos está en la manera en que fuimos educados, en nuestra cultura hemos sido formados en la culpa y la vergüenza. No es difícil imaginar a la mamá o al papá dirigirse a su hijo diciéndole “¡muchacho torpe e inútil, ya rompiste o tiraste la botella!” “¡Mira nomas que tontería acabas de hacer!” “¡Si serás un bruto al dejar las cosas en el suelo!” Y con ello lo que el niño y/o la niña experimentan es culpa, una sensación de incompetencia, en su interior se genera un mensaje interno que le dice “Soy inadecuado (a)”Pero no solo eso, inmediatamente después vienen las expresiones tales como: “Deberías de parecerte a tu primo, que es muy ordenado y cuidadoso” o “Espero que algún día te parezcas a tu hermano, el si es muy listo o no torpe como tu” o quizá aquello de “le voy a decir a tu amiga para que sepa qué tonto eres” y con esto a la culpa se le añade el sentimiento de vergüenza, se profundiza la sensación de que se es inadecuado y además que soy menos que otros, que valgo poco y que no tengo ningún mérito como otros.Esta cultura de la culpa y la vergüenza en la que hemos sido educados hecha sus raíces en nuestra personalidad y se manifiesta como conductas que evitan el compromiso, como falta de responsabilidad, o como una actitud sumisa de para todo pedir autorización, así me libero de la culpa y de la consiguiente vergüenza si algo falla.El reto es alejarnos de los síndromes y complejos que consideramos normales, pues forman parte de la manera como hemos sido educados y asumir compromisos de cara a construir de manera positiva nuestra vida.


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