Articulista invitado

Veintidós líneas de investigación

Este 23 de marzo se cumplen 20 años del asesinato de Luis Donaldo Colosio Murrieta y, con motivo de ello, quiero rememorar lo alcanzado en la averiguación durante el tiempo que desempeñé el cargo de subprocurador especial para la investigación de ese homicidio. Lo hago ante las repetidas solicitudes de información y de entrevistas que he recibido y convencido de que algo puedo aportar para la recuperación de la memoria de ese álgido periodo, pero probablemente sea la última vez que lo haga, atento a que no es necesario insistir a cada paso sobre lo ya dicho y documentado sobre la indagación de ese lamentable crimen.

Cuando asumí el cargo de subprocurador, en septiembre de 1996, las investigaciones se encontraban sumidas en el descrédito y la desconfianza, debido a las posiciones encontradas que se habían venido sucediendo, pues de la teoría de la acción concertada se pasó a la del autor único y luego de nuevo a la primera, lo que nunca pudo sostenerse ante los tribunales.

Ante ese escenario, el equipo a mi cargo se planteó una investigación escéptica y reconstructiva. Habría que dudar de todo y de todos y rehacer la investigación paso por paso. Para ello, se agruparon temáticamente cada una de las dudas, sospechas y puntos a dilucidar, lo que dio por resultado 22 grandes líneas de investigación, entre las que puedo mencionar las siguientes: momento y circunstancias del crimen; atención médica, intervenciones quirúrgicas y necropsia del candidato; videograbaciones sobre el mitin de Lomas Taurinas; circunstancias que se dieron en relación con el sonido al momento del atentado; transformación posterior de Lomas Taurinas; homicidios presuntamente vinculados al caso Colosio; versiones de personas que dijeron haber tenido información previa del atentado; identidad, interrogatorios, traslados, custodia y supuesta tortura de Mario Aburto Martínez; cuerpos que participaron en la seguridad del candidato; antecedentes del arma utilizada en el ataque; entorno político en que se desarrolló la campaña presidencial y versiones sobre la posible participación del narcotráfico en el homicidio del licenciado Luis Donaldo Colosio Murrieta.

Estas líneas tuvieron siempre como eje convergente determinar a cabalidad quién o quiénes eran el o los autores materiales del atentado, pues recuérdese que incluso se cuestionaba la identidad del detenido en el lugar de los hechos y se debatía sobre si tuvo o no cómplices en el lugar del homicidio. Igualmente se desplegaron amplias investigaciones tendientes a determinar si habían existido o no autores intelectuales que por instigación, influencia o retribución determinaran el actuar del o los autores materiales.

La investigación del homicidio del licenciado Luis Donaldo Colosio Murrieta terminó en noviembre de 2000, habiendo despejado un amplísimo abanico de sospechas, confirmado la identidad del autor material del atentado: Mario Aburto Martínez, y sin una evidencia de que éste hubiese actuado en conjunto con otros o hubieran existido instigadores o cómplices del asesinato. Nunca se afirmó con ello que se tratase de un asesino solitario, sino que hasta ese momento y agotados todos los esfuerzos, no había surgido evidencia de que existiera algún otro participante. Por ello, la averiguación previa quedó en reserva o en espera de mayores datos que justificaran su reapertura o hiciesen variar las conclusiones alcanzadas, lo cual, más de 13 años después y transcurridas dos administraciones federales —incluso de signo político contrario al del candidato asesinado—, todavía no ha ocurrido.

Sobre los resultados de la investigación, desconocidos para las nuevas generaciones y que después de mi salida fueron objeto de revisiones y auditorías de fondo que los confirmaron, dan cuenta los cuatro tomos del informe final que se presentó en noviembre de 2000 y en el que detalladamente se da cuenta de los hallazgos obtenidos en cada una de las líneas de investigación arriba descritas.

Creo que la investigación sobre el homicidio de Luis Donaldo Colosio Murrieta contribuyó con solidez a dar una respuesta amplia y oportuna, y también representó un acto de justicia para todos los involucrados. Igualmente, en razón de las técnicas y métodos utilizados, tanto en el aspecto pericial como en el de control documental, estimo que dejó aportes muy importantes para la investigación de crímenes futuros de la misma especie o igual complejidad.

Relevante e innovadora fue también la participación de instituciones externas y ajenas a la autoridad ministerial, que contribuyeron a solucionar complejos problemas de orden técnico o criminalístico y, entre ellas, puedo citar al Instituto Nacional de Investigaciones Nucleares; a las escuelas superiores de Ingeniería Mecánica y Eléctrica, y de Física y Matemáticas y al Centro de Investigación en Computación del Instituto Politécnico Nacional; a los institutos de investigaciones Antropológicas, de Astronomía y de Investigaciones Filológicas, a las facultades de Medicina y de Ciencias Políticas y Sociales y la Dirección General de Actividades Cinematográficas de la Universidad Nacional Autónoma de México; a los institutos nacionales de Neurología y Neurocirugía y de Comunicación Humana de la Secretaría de Salud; a la dirección del Museo del Templo Mayor, del Instituto Nacional de Antropología e Historia; al Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social; al Instituto Nacional de Investigaciones de la Agencia Nacional de Policía de Japón; a la Secretaría de la Defensa Nacional; a la Fábrica de Armas Forjas Taurus, de Brasil, y a los expertos en balística, fotografía, análisis de ADN, fibras, imágenes, evidencia, metales e ingeniería de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI).

Me parece pues, entonces, que hay un legado en la investigación Colosio y que cada duda, inquietud o conjetura, debe contrastarse a la luz del informe presentado.

*Abogado general de la UNAM y último subprocurador de la investigación del homicidio de Colosio (1996-2000)