Luis Petersen Farah

Con la seguridad no se juega (a la política)

Todos entendemos los reflejos de un portero en el futbol: el movimiento preciso, casi adelantado, en busca del balón que vendrá. Todos entendemos los reflejos de un político: el aprovechamiento de cualquier circunstancia para aumentar eso que llaman el capital político, para la persona o para su grupo. Pero en política hay excepciones.

Hay situaciones en que no se vale hacer política. En cuestiones de seguridad, por ejemplo. Lo digo por San Jerónimo, donde los habitantes llegaron ya al límite de lo soportable y acudieron a la autoridad con fuerza y organización. Esperan mucho. Lo que no esperan es que se haga política a partir de sus demandas. Ni ellos ni los habitantes de otras colonias de la zona metropolitana de Monterrey que se ven reflejadas en San Jerónimo.

En este caso, en San Jerónimo, la gente se movió. Hizo el ruido necesario y logró la atención pública. Sus representantes se reunieron con el secretario general de Gobierno, el procurador y el secretario de Seguridad Pública. Éstos les dejaron abiertas las puertas y pidieron una cosa a cambio: denuncias.

La Policía reaccionó. Después de unos días de sobrevigilancia y enredo, todo indica ahora que las corporaciones trabajan en coordinación. Ojalá así siga. El punto riesgoso es que los políticos se movieron según sus reflejos y estuvieron cerca de llevarse a la operación entre las patas. La frontera entre lo que vigila la Policía Regia y lo que ve el estado de manera directa pasa precisamente por ahí, por Vistahermosa.

La primera reacción fue el sentimiento de invasión política y la defensa del territorio. Después hubo acusaciones de que se “politizaba” el tema, “politizándolo” más. Comenzó así una espiral que, entre políticos, parece no tener límite.

Con la seguridad no se juega. Esta fue una enseñanza de los tiempos, que no son todavía pasados, de violencia en Nuevo León. Aprendimos que si no había un claro compromiso entre corporaciones de seguridad, Policías preventivas municipales y Fuerza Civil, Policía Ministerial, Policía Federal, Ejército, Marina, nada se lograría.

Ahora la delincuencia es diferente, es cierto, y la respuesta policial debe serlo igual. Diferente, pero nunca descoordinada.