Luis Petersen Farah

¿Nuevo León, zona de desastre?

Al escucharlos, a uno no le queda duda que nos encontramos en una zona de desastre. Los municipios le deben al Estado, el Estado a los municipios. Todos le deben millones a proveedores y a acreedores diversos, en cantidades de muchos ceros y a plazos que se adentran en la eternidad. Se avientan la pelota: uno debe entender que no hay dinero.

Tal vez. Pero se habla con demasiada facilidad de "quiebra del Estado". Y la frase sola carga su exageración. Cuando una empresa se halla en situación de quebranto, simplemente deja de operar, al menos de la manera que lo hacía. Decirlo así en referencia al Estado es un cliché: una metáfora chafa.

Nuevo León, en términos de economía, de inversión y de empleo, ha tenido sus logros. En todo caso, se trata aquí de una situación financiera complicada. Y no del Estado, sino de las administraciones municipales y estatales.

¿Qué tanto estamos en una situación de excepción? Indudablemente habrá una reducción en el número de empleados de las burocracias estatal y municipales, y una disminución aún mayor en la obra pública durante un tiempo. Y un reordenamiento de las finanzas públicas, particularmente de las deudas.

Lo primero, el recorte, es muy doloroso sobre todo por la gente que se quedará sin chamba. Aunque por otro lado se piensa en una recomposición del empleo nuevoleonés desde hace mucho: menos burocracia, más trabajo privado. El adelgazamiento de las nóminas gubernamentales es un proyecto más allá de la presente situación.

Y la obra pública, independientemente del interés de los políticos, puede esperar un periodo de ordenamiento financiero. Lo que no puede esperar es el detallado y el mantenimiento de lo que no se ha terminado o que ha sufrido deterioro. Eso brilla menos en el currículum de los candidatos, pero es lo que hace falta.

Viene, pues, un periodo de espera. De reestructurar deudas y de atender la administración.

De mayor compromiso por la transparencia y contra la corrupción. Y tal vez el discurso de la quiebra o de la zona de desastre no sea más que un intento para disminuir las expectativas ciudadanas. Estamos demasiado acostumbrados a evaluar a los gobernantes por la obra pública, a igualar al político con el constructor.

luis.petersen@milenio.com