Luis Petersen Farah

Monterrey, la Marina, la seguridad y las nubes

Lo fuerte de la caída depende de lo alto de la nube, dice la sabiduría popular. Las expectativas sembradas por Margarita Arellanes y la administración municipal con respecto a la seguridad pública estaban, hace un año, mucho más arriba de lo que cualquier ciudad hubiera podido esperar.

La Secretaría de Marina, todavía en el sexenio de Felipe Calderón, le hacía a Monterrey la distinción de ser parte de un proyecto piloto. Ponía a disposición del Ayuntamiento a alrededor de noventa elementos en activo que tendrían la función de patrullar el municipio y un grupo de mandos formados para comandar la corporación y encabezar algunas oficinas administrativas delicadas.

Además, aportaba cerca de 500 nuevos policías, reclutados por la propia Secretaría de Marina en otros estados y formados en Veracruz. De esta forma, Arellanes entraba a la presidencia municipal literalmente acompañada por una Nueva Policía de Monterrey que sustituiría a la desgastada Policía Regia.

El huevo se cacareó como era debido. Monterrey pasaría a una nueva era. La flamante administración municipal podía presumir de haber resuelto el problema de la Policía de un plumazo.

A esa altura, y nada menos, se situaron las expectativas. Desde el primer día hubo escépticos, claro, pero ellos fueron tachados de pesimistas, de antipanistas o de plano de no querer que las cosas se arreglaran.

La realidad se fue imponiendo ante un proyecto mucho más difícil que lo que Margarita estaba dispuesta a aceptar públicamente. Al principio de este año, los nuevos reclutas estaban mermados. En marzo ya eran la mitad y, para acabarla, no tenían aún su porte de arma ni sus pruebas de confianza.

La crisis de seguridad en San Jerónimo en días pasados mostró algo más. Fuerza Civil entró en apoyo de los municipales, Arellanes aceptó la carencia de policías en su corporación y la ayuda de la Policía Estatal en las zonas bajo resguardo del municipio. Y ayer reconoció que los miembros en activo de la Secretaría de Marina, que la apoyaron casi un año, ya se habían retirado.

La Policía de Monterrey está ahora en su lugar, sin fast track ni milagros, construyéndose poco a poco y con trabajos, como se construyen todas las organizaciones. Sin caerse de la nube más alta.