Luis Petersen Farah

Luto en Medellín: las barbas del vecino

Si no fuera porque la ciudad colombiana de Medellín se ha convertido en uno de los modelos de desarrollo urbano para Monterrey, la nota sería sólo una más de las tragedias que pueblan las páginas y las pantallas del mundo.

Si no fuera porque hace un año todos los alcaldes de la zona metropolitana de Monterrey estuvieron allá aprendiendo, dialogando y acordando rutas a seguir para el futuro de nuestra ciudad, no serían tan importantes para nosotros las circunstancias del derrumbe de la torre 6 del complejo Space, un edificio de apartamentos de lujo (de entre 106 mil y 266 mil dólares) que dejó a diez personas bajo los escombros y que sólo por fortuna no mató a cientos.

Si no fuera porque sólo en el municipio de San Pedro hay cerca de cuarenta obras en proceso que no están regularizadas, muchas de ellas torres, y las autoridades no parecen tener la capacidad de meterlas al orden, la lección de Medellín no sería tan drástica: la torre Space fue evacuada por orden de los bomberos apenas veinticuatro horas antes del colapso, después de que la empresa constructora había minimizado el riesgo y diagnosticado el problema como una mera falla focalizada que no ponía en riesgo la estructura.

Resulta que, a reserva de que se terminen las investigaciones, el conjunto Space fue construido en un suelo que, ahora todo mundo lo sabe, tenía la fama de inestable. Por lo pronto, la torre contigua, la 5, amenaza con caer encima de quienes hacen labores de rescate y deberá ser demolida con cuidado.

Ahora, el equivalente colombiano de la PGR ya nombró a dos fiscales especiales para determinar la responsabilidad en el desplome y el Ministerio de Justicia suspendió la venta del complejo. Pero la pregunta de los deudos y de los dueños de los apartamentos es por qué se construyó ahí y por qué de esa manera. Sobre todo, quién otorgó los permisos y vigiló las obras.

No tiene remedio, por ahí pasó la corrupción y el influyentismo, los permisos a la carta y la nula supervisión de la autoridad municipal. Por cierto, el alcalde de Medellín, Aníbal Gaviria, no estaba. Son las barbas del vecino…