Las "zonceras" y los "asquitos"

Ayer el gobernador Jaime Rodríguez Calderón ofreció una disculpa a la comunidad gay por sus ya célebres zonceras. Qué bueno que lo hizo, aunque el intento fue tibio y tardío.

“Creo en el principio de la familia, creo en el matrimonio, no en las otras zonceras, no creo en las otras cosas, el matrimonio es hombre-mujer, punto”. Con su credo, El Bronco me hizo recordar al único gobernador mexicano que se ha inmortalizado en el Museo Memoria y Tolerancia de la Ciudad de México: Emilio González Márquez, el político del asquito.

El ex gobernador panista de Jalisco hasta 2012 aparece en el museo como un ejemplo (uso las palabras de la presentación general del recinto) “de cómo algo tan simple como una palabra o un juego puede tener semillas de intolerancia, la cual impulsa la discriminación, la exclusión y, en su expresión más extrema, el exterminio de un grupo humano por otro”.

En una de las salas se repetía el video de la declaración de González Márquez al inaugurar cierto congreso de la Familia en una universidad católica de su estado. Decía: “Para mí sí, matrimonio es un hombre y una mujer porque, qué quieren, uno es a la antigüita, uno es así. A lo otro, como dicen, no le he perdido el asquito”.

También El Bronco, con sus palabras descuidadas, se hizo oír en todo el país. Y se echó encima a buena parte de Nuevo León: a los diputados, a los partidos, a las organizaciones, a su propia Comisión de Derechos Humanos, a la Iglesia. Claro, tiene todo el derecho de pensar lo que quiera con respecto al matrimonio. El punto es la expresión: las palabras que traen la carga de la discriminación y el odio y que acaban hablando de quien las pronuncia.

Ayer corrigió. “Quizá la manera en que lo dije generó una controversia, un enojo, obviamente les pido disculpas, no es mi intención, soy un creyente de la diversidad”.

Le costó, pero se disculpó. Alguien debería dar a los políticos una lista de temas sobre los que nunca deberían improvisar.

luis.petersen@milenio.com