Una visita de corte político

Hay momentos en los que todo se convierte en política. Es inevitable leer así la visita presidencial de ayer, por el formato, por la cercanía de las elecciones, por la inminencia de las decisiones de los candidatos, por los movimientos de unos aspirantes y la quietud de otros. En estos tiempos, los que se mueven lo hacen para salir en la foto y los que no se mueven también.

Por supuesto que la lectura inevitable de la ausencia de Margarita Arellanes al evento presidencial es política. Pura política: nada de que me avisaron tarde ni que tenía una importantísima reunión de Cabildo; todo eso se puede resolver y se ha resuelto en múltiples ocasiones. Tampoco es una cuestión moral ni de cortesías. Es sólo que la alcaldesa tuvo la oportunidad de presentarse como la oposición visible en Nuevo León y la tomó. En cierto sentido lo logró: el Presidente le dedicó uno de los gestos más elocuentes de la ocasión.

Por otra parte, Arellanes le dio la oportunidad a Peña Nieto de enviar dos mensajes. El primero es algo así como: para que no digan que no la invitamos. Y el segundo: si alguien había pensado que en Nuevo León habría algo parecido a una concertacesión, a cambio del esfuerzo panista —maderista— para sacar las reformas, pues sépalo: no hay tal. Aquí habrá contienda en serio.

Para los priistas también hubo. A estas alturas, cualquier cosa que salga de la boca del Presidente lleva mensaje. O cualquier cosa que omita. Que si mencionó a alguien, que si no lo hizo, que si se tomó la foto con tal aspirante, que quién estaba en el presidium… hay varios contenidos: desde el consabido señores, su partido tiene presidente en Los Pinos, hasta ojo, aún no hay una decisión tomada sobre el candidato a gobernador; si alguien lo cree así, empiece a dudarlo. En las palabras y los gestos del decisor Peña Nieto no hubo signos de un juego que se cierra sino de uno que se abre cada vez más a otros participantes. Y sin duda, en medio de todo esto, el tono presidencial dio más bríos a las aspiraciones del diputado Héctor Gutiérrez de la Garza, con nombre y dos apellidos. Una visita de corte político, en plena hora de la foto.

luis.petersen@milenio.com