Nunca vamos a acabar con la violencia si no denunciamos

Se habla mucho de un repunte de la violencia y la inseguridad en la zona metropolitana de Monterrey. Y quienes saben de esto batallan para explicar que la violencia que hoy parece reverdecer se parece poco a la violencia de hace uno, dos, tres años.

Es otra cosa: los delitos son diferentes y lo que sucede en las calles ha cambiado. Las balaceras, las persecuciones, los colgados, los decapitados y toda esa lista de horrores han bajado visiblemente. Los homicidios en general han disminuido, mientras que otros delitos se elevan en las estadísticas oficiales. Ya no son las grandes mafias vinculadas al narcotráfico los autores. Dicen los que saben que son, en todo caso, pequeñas células derivadas de aquéllas desmembradas por la acción de las fuerzas federales, y que se dedican a lo que aprendieron a hacer: robar, asaltar, extorsionar, incluso secuestrar.

Eso dicen los que saben. Para mí hay una pregunta clave: ¿hemos aprendido como sociedad lo que nos toca?

Creo que no. Es curioso y doloroso. Ahora parece que empezamos de nuevo en el mismo punto en que estábamos hace tres años: no denunciamos. Por angas o por mangas, con más o con menos razón, por miedo, por desconfianza, por flojera, porque creemos que no va a pasar nada de cualquier manera, porque no vamos a recuperar lo perdido, porque los van a soltar, porque va a haber venganzas, porque lo que quieran, pero no lo hacemos.

El hecho es que la autoridad estatal insiste en que no tiene denuncias. Y no hay razón para no creerle. En los medios ven pasar casos que se declaran pero no se formalizan ante la autoridad. Después, por supuesto, se esfuman porque no hay seguimiento alguno.

Sin denuncia, cualquiera de los casos sonados, por ejemplo, de extorsión, puede ponerse en duda porque no hay una investigación del asunto. Y esto a pesar de que la extorsión es el segundo mayor delito en el país, como concluye la Encuesta de Seguridad del INEGI, publicada en esta edición.

No hay sociedad segura sin denuncia. Entendámoslo. Parecía que lo habíamos aprendido: que aunque no se resuelva un caso particular, la denuncia sirve para prevenir otros, para resolver otros. Es clave.