El vagón fantasma y otros desastres

En el museo Marco hay una recomendable exposición llamada La danza de los espectros. Se anuncia como “la fusión entre la corriente del surrealismo y las tradiciones ancestrales locales”. No es novedad, cerrará sus puertas el mes próximo. Hay obra de Varo y Carrington, por supuesto, pero también de Rahon y Paalen.

He ido dos veces, la segunda sólo para ver de nuevo un cuadro de Remedios Varo, casi a la entrada, sobre el muro izquierdo. Se titula Mimetismo. Es una mujer sentada con su tejido al lado. Su cara se ha igualado al estampado del respaldo de la silla, sus manos al descansabrazos y sus pies se hicieron pequeñas patas. Al fondo, otra silla mete su pata con gracia al cajón abierto del ropero. Uno ve que las mañas del mundo son las nuestras, pero ese tema es para otro día.

El caso es que seguramente la exposición, una explosión tal de imaginación, no aguantó más el encierro: en la madrugada del lunes se escapó de su silencioso recinto y se echó a la calle. La ciudad se mimetizó. A las cuatro de la mañana una vagón-tanque lleno de MDI aromático se desprendió de un tren, “a la altura de López Mateos, en la colonia Lagrange”, y siguió solo, como ánima en pena, por la vía, al parecer cerca de 15 kilómetros “hasta que detuvo su carrera al topar con la máquina 4089”.

Tras el choque “quedó sin vida Álex Mauricio Coronado Estrada, maquinista de 40 años de edad, mientras que Ramón González García, de 36 años, fue trasladado por la Cruz Roja” grave por golpes en la cabeza y el abdomen. Uno se pregunta cómo puede pasar algo así, fuera de un cuento. Algunos calculan que el vagón fantasma cruzó, sin luces ni pitidos, unos ocho cruceros importantes de la ciudad.

Y ayer mismo un autobús urbano se quedó sin líquido en el sistema de dirección hidráulica. El chofer no pudo controlarlo. Murió otra persona. Y en Morones se le salió la rueda trasera a otro camión. Imaginación no faltaría para reconocer las soluciones ante estos peligros. No es difícil hallarlas. El único problema es cuando se conjugan el surrealismo y las tradiciones ancestrales locales. ¿No?

luis.petersen@milenio.com