Los últimos días de Margarita

En la Presidencia Municipal de Monterrey se esperan cambios de un momento a otro. Es cierto que Margarita Arellanes tiene hasta febrero para retirarse de la alcaldía. O hasta principios de enero si es que quiere aprovechar la precampaña.

Sin embargo, a estas alturas, lo mismo da mañana que el 10 de enero y, en todo caso, al municipio le vendrían bien unos días de reacomodo.

A menos que Margarita no la tuviera segura, claro: en el PAN saben que si quieren dar una buena pelea en la elección a gobernador sólo tienen una opción, y es ella, pero también saben de la enorme capacidad de fuegoamigo que existe entre panistas.

La aún alcaldesa conoce tanto sus fortalezas como las luces rojas que ha  encendido dentro su partido. Sólo así se entiende su actitud ante las alianzas con el PRD y el PT. Fue la gran impulsora de un acuerdo con la izquierda, sobre todo porque eso le daría el derecho a una designación directa y le evitaría los riesgos de una convención.

Ni la División del Norte, ni la vieja cúpula, ni Raúl Gracia, ni Mauricio Fernández estaban de acuerdo con el planteamiento aliancista de Margarita. Víctor Pérez retiró su apoyo cuando vio, dicen, que las candidaturas ofrecidas a los otros partidos eran precisamente de su municipio.  Finalmente alguien le hizo ver a Arellanes que, a como estaban las cosas, era mejor no subir el tema a votación porque el fracaso sería más evidente. Los números no dejan lugar a dudas.

Margarita llegó a su límite con el PAN durante esa tarde de alianzas. Conociendo la fortaleza de sus números en las encuestas, decidió hacer caso a sus asesores y llevar la liga hasta el punto de ruptura, pues a fin de cuentas no hay otro candidato como ella, con posibilidades de ganar. Desde siempre, fue por todas las canicas. Quería todos los apoyos.  Quería sus candidatos a diputados y sus candidatos a alcaldes.

Con las alianzas halló su límite. Ahora tendrá que enfrentar la convención con un menguado entusiasmo panista, aprovechar los tiempos de precampañas, dejar la alcaldía en otras manos y aventurarse. Después de todo, no está linda la mar.

luis.petersen@milenio.com