La última votación y la miopía

A saber qué fue lo que les pasó a los señores diputados al final de la sesión del martes pasado. Tal vez fue el hambre o el agotamiento. O la desesperación. El hecho es que, por unanimidad, el Congreso estatal decidió enviar un exhorto a los alcaldes metropolitanos para que frenen las actividades deportivas y ciclistas en calles y avenidas, para que no estorben a los automovilistas y su derecho de uso de vialidades.

La ocurrencia les llegó apenas dos días después de la primera edición del Paseo Metropolitano. El exhorto, según la nota de Reynaldo Ochoa, pide que en “caso de pretender la realización de algún evento tanto de atletismo como de bicicleta, no se afecte la vialidad del área metropolitana”; que las actividades se realicen en zonas “idóneas para tal efecto, obviamente que estos lugares sean distintos a las avenidas y calles de nuestra ciudad, lo anterior durante el tiempo que dure la construcción de la obra y vuelva la normalidad vial”.

Una normalidad vial que nunca llegará, obviamente, mientras no disminuya el uso del auto y aumente el respeto a los peatones y ciclistas, usuarios del transporte colectivo. 

Tal como vamos, no habrá día en que la obra vial termine. Y siempre se podrá decir que La Huasteca, por ejemplo, está en obras.

Claro que los alcaldes no les van a hacer caso. El punto es qué sentido puede tener un exhorto como éste, facilón y sin posibilidades de servir a nadie. Uno esperaría del Congreso un esfuerzo de comprensión de los problemas urbanos. La movilidad urbana no se arregla ni en dos ni en quince minutos.

¿No será mejor que los diputados legislen y hagan valer las leyes para exigir el respeto de los automovilistas a la ciudad, a la gente? ¿Que promuevan la inversión mejor en el transporte público y que garanticen que no quedará impune el mal uso del automóvil? ¿No sería mejor que vieran más allá de las narices de una legislatura? Sobre todo si alguno de los diputados quiere ser alcalde como parte de su carrera política. Por cierto, según la nota, nadie argumentó. Sólo votaron. Terminaba la sesión y ya se querían ir.

luis.petersen@milenio.com