Los otros túneles

El nuevo pasadizo del Chapo Guzmán, aunado a la ya conocida serie de conductos que comunicaba con sus casas, no deja lugar a dudas: estamos hablando de un experto en túneles. Experto en su construcción y en su uso. Experto en pasadizos subterráneos y en túneles políticos.

Tiene que haber al menos un túnel político paralelo a ése del que tuvimos noticia la madrugada del domingo. Vaya, la construcción de un pasadizo de 352 viajes de camión, a un lado del penal más seguro del país, debió ser protegida por alguien: por un túnel de complicidades y apoyos de, al menos, las mismas proporciones.

No estamos hablando de cualquier cosa. Según cálculos de MILENIO, los trabajadores del túnel del Altiplano debieron avanzar poco más de cuatro metros lineales al día, en jornadas de ocho a diez horas. Además, debieron pasar por zonas complicadas hasta llegar a la regadera de la celda (por cierto, ¿cada quien tiene su regadera en ese hotel?): uno puede suponer que ahí el piso está repleto de instalaciones, tuberías, drenajes, cables y demás.

Imposible hacer un túnel así (¡y en secreto!) si no se cuenta, para empezar, con los planos. Y esos no los tiene un celador. Es decir, no estamos hablando de cualquier cosa tampoco para el túnel político que lo permitió y aseguró, además, que nadie cambiara de celda al escurridizo huésped. Un túnel hecho de relaciones de distintos niveles, dentro y fuera del penal horadado, que implica un reparto multimillonario de dinero y de amenazas, un poder suficiente para poner de rodillas al sistema penitenciario del país.

Más allá del ridículo, doloroso para el país y sus gobernantes, lo seguro es que si se construyó un túnel que pudiera burlar todos los estándares internacionales del ex penal de alta seguridad (digo, no creerán que El Chapo va a mantener en secreto los planos), en adelante Guzmán Loera estará en algún lugar del amplio subsuelo de la nación y seguirá protegido por el laberinto de túneles políticos que ha cavado por el país. Todas las áreas del Gabinete de Seguridad lo buscan. Lo que está en juego ahora es la legitimidad de ese Gabinete. Cesar a los funcionarios penitenciarios no basta. No se puede evadir la exploración de los túneles de la complicidad. Y saber hasta dónde llegan.

luis.petersen@milenio.com