El transporte gratis y la lógica aristotélica

Mientras en Nuevo León se toman decisiones de transporte gratuito, en los estados donde este año habrá elecciones el tema se ha puesto de moda como promesa de campaña.

¿Funcionará? No fue El Bronco el primer candidato a gobernador en lanzar la complicada oferta a sus potenciales votantes. Ya hay algunos estados que la han llevado a cabo o están en proceso. Como botón de muestra está Jalisco, cuyo actual gobernador, Aristóteles Sandoval, ya palomeó esa promesa de campaña.

La lógica aristotélica (jalisciense) fue la siguiente: cada semestre, el gobierno entrega una serie limitada de Bienevales a cualquier estudiante registrado que se haya formado en una interminable fila. El número de Bienevales se calcula según los días en que habrá clase.

Así el alumno, previa identificación, paga su camión con un vale: allá no hay Feria (la tarjeta, digo). Después el chofer, o la empresa, cobra los Bienevales al gobierno estatal. El estudiante puede abordar con esta forma de pago cualquier camión urbano, a cualquier hora, cualquier día. Los Bienevales vinieron a suplir, evidentemente, cualquier descuento estudiantil previo.

Una vez puesto en marcha, el método aristótelico ha sido criticado por varias razones: 1) El reparto directo de los vales causa esas filas interminables. 2) Quienes más gastan en camiones son los que llegan diario a la ciudad desde lugares periféricos y los vales están restringidos a camiones urbanos. Lo mismo aplica para quienes viven en pueblos y tienen que tomar autobuses foráneos para llegar a su escuela. 3) Hay tráfico de vales. Se venden entre estudiantes: si alguien no los usa todos, les saca una lana. 4) El sistema de organización es demasiado caro y se le ha pagado a una empresa para que lo haga. Más caro.

¿Quién paga todo esto? El estado. Lo que no ha logrado el gobernador de Jalisco es palomear otra promesa: meter en cintura a los transportistas de su capital.

luis.petersen@milenio.com