El susto de Santa (y de otros)

La ministra Olga María Sánchez Cordero de García Villegas comenzó así su participación ayer: Estamos, sin duda, en presencia de un tema de suma complejidad, que se puso de manifiesto precisamente en lo cerrada que se encuentra la votación en este momento.

Víctor Pérez, alcalde de Santa Catarina, se encontraba viendo su destino en la tele de una habitación hotelera en el DF. En la Suprema Corte, la votación había quedado empatada el jueves pasado y sólo faltaba el voto de Sánchez Cordero para destituirlo del cargo o para que pudiera seguir en él.

Es verdad, expuso la ministra, que la propia Constitución General de la República prevé la separación del cargo y consignación de aquella autoridad que incumpla injustificadamente la sentencia de amparo…

Y no estaba claro que Víctor Pérez había hecho lo necesario para cumplir a tiempo una pesada sentencia de este tipo. Varios ministros de la Corte habían dado su punto de vista el jueves, urgiendo a tomar una decisión ejemplar para que las autoridades, digamos, no jueguen con los derechos de los ciudadanos.

…pero también es verdad que (la Constitución) prevé la valoración de las causas de incumplimiento por este Alto Tribunal… Desde esa breve lectura del artículo 107, fracción XVI, en su párrafo primero, mi interpretación se orienta en el sentido de que la destitución y en su caso consignación es excepcional; o por decirlo de otra manera, caso extremo.

Con esto, para Víctor Pérez se reabría la puerta de su propia oficina. De hecho, para el ex alcalde Gabriel Navarro, la decisión de consignarlo estaba ya  tomada por mayoría.

Precisamente, sobre las líneas que tan claramente expuso la señora Ministra Luna Ramos el jueves pasado, al igual que ella, considero que el punto esencial para que proceda la destitución o la consignación, es la existencia clara y evidente del incumplimiento, del cual estoy convencida, no se da en el supuesto que ahora estamos analizando.

Sustito. No sé cuántos kilos habrá bajado Víctor estos días. El hecho es que pasó de panzazo, y con él todos los alcaldes que traen un amparo en los pies, como un balón que se trata de dominar. Que se asusten, pues es lo único que tiene un ciudadano ante los abusos de autoridad.