El sospechoso voto 23

Se habían tardado. La división en la bancada panista no se había reflejado en la organización del Congreso. La renuncia de Luis David Ortiz y de Eduardo Cedillo al partido no acababa de cobrar su factura. Ayer sucedió: con su ayuda, la mayoría quedó formalmente arrebatada. La primera minoría tiene el control. EL PAN se quedó sin la administración del Congreso, la célebre Cocri, sin la Comisión de Hacienda (presidencia y mayoría) y sin la Comisión Legislación. Además, se creó un nuevo grupo legislativo para los independientes que incluye oficinas y salas de reunión.

Fue sorpresa, está claro. Si los panistas hubieran sabido lo que les esperaba ayer, simplemente no hubieran llenado el recinto. Con algunas faltas de asistencia estratégicas hubieran podido ganar algo, aunque fuera tiempo. Cuando ya era demasiado tarde, se fueron.

Todo empezó con un cambio en el orden el día: los asuntos generales, primero. Pasó con 22 votos, como estaba previsto. Y luego siguió la consabida goliza que, sin embargo, aún guarda su misterio.

Sucede que en la aprobación de las comisiones el resultado fue más allá de lo esperado: 23 votos a favor, 19 en contra. ¿Quién fue, de entre la ex mayoría, el que aprovechó la votación secreta, por cédula, para dejar en claro su desacuerdo? ¿O al menos para sembrar la certeza de que lo que queda de ese grupo sigue tambaleándose?

El sospechosismo ha entrado en la bancada azul y blanco. ¿Sería uno de los suyos? ¿O una? ¿O alguno sus votos adheridos, perredista o independiente? Quien sea, logró dejar un mensaje claro: la ex mayoría no ha tocado fondo.

En la acera de enfrente, los priistas y sus aliados, de colores varios o sin color, se frotan las manos. Ellos ven al inesperado voto 23 como muestra inequívoca de que, como partido, el PAN pende de un hilo y que, más temprano que tarde, se romperá por lo más delgado.

Quién sabe. El Congreso es hoy por hoy el principal indicador de la actividad política en el estado. Y está oscuro. Si por lo menos supieran por qué se fue la luz en plena sesión, cuando empezaba todo este jaleo…

luis.petersen@milenio.com