¿Somos capaces de una "solidaridad sustentable"?

La solidaridad ante los sismos ha sido impresionante en todo el país; sin embargo, cuando se trata de pasar la estafeta a las instituciones públicas, se topa con la gran muralla de la desconfianza: todos son malos gobiernos, todos son corruptos. “Por eso la ayuda no llega y por eso se cayeron los edificios...”.

Y toda aquella solidaridad se va al caño. Nadie cree en nada. “Piensa mal y acertarás”... mejor ya no seguirle.

Si queremos que la enorme solidaridad espontánea perdure más allá de una semana tenemos que darle una vuelta más a la tuerca y permitir (y no solo exigir) que las instituciones funcionen adecuadamente.

Y evitar simplonerías. Evitar linchamientos, generalizaciones, desahogos, sospechosismos y reparto de responsabilidades al azar. La solidaridad continuada, sustentable, implica un esfuerzo generoso por entender.

Sin duda algunos edificios se cayeron o se afectaron por corrupción, por un contubernio criminal entre funcionarios públicos y dueños o constructores. Y sin duda algunos camiones con ayuda fueron “desviados” con intenciones de fortalecimiento político. Pero casi se puede asegurar que hubo distintas situaciones y, por lo tanto, hay que asomarse a comprender caso por caso.

Generalizar no solo es una falacia lógica. También es una maña ética, es una justificación para dejar de solidarios sin culpa. Y así la solidaridad termina tras una semana excepcional.

Comparada con la inmovilidad de los gobiernos en 1985, pasmados por la tragedia, las acciones oficiales este año han sido distintas, francamente mejores. Ha habido errores y descuidos, sí, pero la presencia institucional efectiva está a la vista, tanto en la parte civil como militar. La alerta sísmica no es perfecta, pero ha ayudado. La red de hospitales funcionó. La protección civil no solo existe, sino que es un entramado nacional eficaz.

Construyamos una solidaridad más allá de la espontaneidad. Construyamos una solidaridad que incluya las instituciones públicas. Construyamos una solidaridad sustentable. Que dure.

luis.petersen@milenio.com