Las soledades de Margarita

Margarita Arellanes cometió un error. No tanto por tener como policía y como escolta a alguien que resultó responsable de secuestro, sino por culpar de esta situación al Gobierno Estatal, al centrar su respuesta en las pruebas de confianza.

Claro que es un problema serio tener delincuentes en las filas policiacas. Justo por eso se hacen estos esfuerzos por lograr corporaciones depuradas y mejores, basadas en pruebas de confianza, en preparación académica, en mayor calidad de vida para las familias de los policías y en la profesionalización de los controles.

Son esfuerzos que no se pueden olvidar ni un momento, pero que, aún haciéndolos, no garantizan la limpieza de cada elemento. En cualquier parte pueden salir nuevos delincuentes. Claro, en la medida en que el ambiente de una corporación es más limpio, más pronto se hacen visibles los agentes que van por otros caminos.

El hecho de que en una corporación aparezca un delincuente es grave, pero no indica que la  corporación no funcione o que esté mal dirigida. Sería diferente si esto se multiplicara, o si no se castigara, o si nadie se diera cuenta...

El error de la precandidata está en su reacción. Como en una especie de automatismo, Arellanes pronto se quitó la culpa de encima para echársela al Gobierno del Estado. “Si el escolta pasó las pruebas de confianza, ellos son los responsables”.

¿Qué produjo con esto? Primero, una respuesta contundente por parte del Gobierno: salió, como es de esperarse, a negar las acusaciones con lujo de detalle.

Segundo, el fortalecimiento de la percepción de que en lugar de enfrentar el problema, ella sucumbe a la tentación de rebotarlo. No es la primera vez.

Este trance que, como todo, ya pasará, refleja la soledad de Margarita entre los suyos. No hubo nadie que le dijera “mira, puedes responder que sí, que a pesar de las pruebas de confianza y los controles, que son importantes pero no infalibles y que no garantizan la bondad de una persona en el futuro, se nos coló un mal elemento que me puso en riesgo personalmente y que, por fortuna para mí y para todos, ya está aprehendido”. No, no hubo nadie.

luis.petersen@milenio.com