El recurso de la anulación

Me pregunto si, como ciudadanos, estamos preparados para volver a empezar. Estas campañas iban a ser diferentes por la equidad de género, por la presencia de independientes, por las nuevas instituciones electorales y las nuevas leyes. Eso se suponía.

En realidad fueron distintas por una guerra sucia sin precedentes y por una colección de violaciones a la ley, de impugnaciones y denuncias que les han dado más trabajo que nunca a los tribunales. Y les darán más.

María Marván, ex consejera del IFE, ve claro que las elecciones, tanto en Nuevo León como en otras partes, se resolverán en los tribunales si los resultados son parejos. “Casi podemos predecir”, dijo ayer aquí en Monterrey, “que en los nueve estados donde hay elecciones de gobernador y en muchos municipios donde se haya ganado con menos de cinco por ciento, el segundo lugar va a buscar la vía de la anulación electoral”.

Tiene razón. Los políticos no saben perder. Sí saben que todos violaron la ley, que lo hicieron desde el inicio y que lo siguen haciendo. Saben que, si se da un resultado parejo, no importa quién sea el primero y el segundo lugar, la elección será impugnada. Y todo apunta aquí a una diferencia no mayor a una nariz.

A estas alturas, ya todos han cometido suficientes faltas como para que el segundo lugar impugne la elección y pida anularla. Desde el principio con los adelantados y sus múltiples mañas, luego con el uso de espacios prohibidos, después con el tema del financiamiento y los cruces de presupuesto… lo que quieran.

No quiere decir que lo logren, pero en el momento en que aparezcan resultados cercanos, aparecerá una nube de incertidumbre: la anulación se asoma a la ventana.

luis.petersen@milenio.com