Lo que realmente pasó en el PAN

Margarita estaba segura. En la Mesa Nuevo León había llegado a acuerdos. La presidía Gustavo Madero antes de pedir licencia y, aún mientras regresaba, se mantuvo en ella. Los compromisos eran con él y eran serios.

El cambio fue drástico. En cuestión de semanas se empezó a hablar de debilidad política de la candidata, hasta que el 11 de febrero Zeferino Salgado, líder el Grupo San Nicolás, anunció a Margarita su ruptura. En adelante, para ella fue un tobogán.

Fue del propio PAN de donde salió la alarma: crecía la idea de que Margarita no representaba las ideas y los intereses de la militancia del Estado. Sobre todo después de que el cuadro estuvo completo con la designación de Ivonne Álvarez, parecida en muchos aspectos: era cada vez más difícil que ganara la elección de junio.

El puente hacia Gustavo Madero fue Santiago Creel. Éste le hizo ver a Madero lo que le decían desde acá: en las encuestas la precandidata había llegado a su techo de popularidad. Después, todo sería descenso. El líder nacional no tenía el panorama completo.

Madero escuchó y aceptó pedir una última encuesta. Ésta se llevó a cabo aunque con interrupciones por el clima. Madero viajó a Monterrey por última vez antes de la elección. Después de analizar los resultados, hubo acuerdo. Luz verde.

El siguiente domingo fueron las elecciones internas para diputados locales y alcaldes. Para Margarita fue la primera señal más allá de las palabras. De sus cinco precandidatos al Congreso local quedaron sólo dos. Sus posiciones resultaron barridas. Al día siguiente, Zeferino oficializaba su ruptura con la precandidata.

Del 52 por ciento de la votación de Felipe de Jesús, cerca del 40 venía de las estructuras de Chefo y de Raúl Gracia. Su compromiso era con la mesa e Madero y tenían permiso. El PAN actual funciona (bueno, actúa) de manera corporativa. Por supuesto que no se puede hablar de democracia interna, pero más que traiciones hubo decisiones de partido.

No era el caso de Santa Catarina. Allá, el compromiso de Víctor Pérez era con Margarita. Vaya, eso hubiera podido ser traición, pero lo fue, cumplió. En Monterrey, sin embargo, la pregunta sigue abierta. ¿Hubo traición? Margarita ganó por muy poco ahí…

luis.petersen@milenio.com