“Si quiere entrar al cine, presente su INE”

Uno. Parecerá nimio, pero yo no estoy de acuerdo con cambiarle el nombre al IFE. No tiene sentido, ¿como por qué?

Claro que se supone que el nuevo instituto será nacional, pero en parte ya lo era en la medida que organizaba todas las elecciones distritales y de senadores de la nación entera. Además, seguirá siendo federal en la medida en que el proyecto del nuevo instituto incluirá las elecciones federales y será manejado por autoridad federal.

Los argumentos prácticos están de mi lado. La credencial con la que todos los mexicanos nos identificamos se llama IFE, así le pusimos. Qué afán de cambiarle. Hasta risa nos va a dar cuando a un joven lo detengan: “Si quiere entrar al cine, presente su INE”.

Vaya, es absolutamente innecesario. Háganle al IFE las modificaciones que requiera, pero cambiar el nombre significa incluso no reconocer la credibilidad que el Instituto ha aportado a las elecciones en México. Como si se lo tuvieran que cambiar nomás porque funcionará diferente. Con sus vaivenes, el IFE es parte de la historia. Vaivenes que también tendrá el INE, créanmelo.

Dos. Es cierto que los actuales organismos electorales locales están (de manera más o menos perversa) en manos de partidos políticos y/o gobernadores, y es importante que ambos saquen sus manos de ahí. Si a alguien le cuentan que lo lograrán de la forma como lo están planeando, pues no se lo va a creer. Sobre todo porque será literalmente imposible que el INE designe desde el centro a los consejeros de las 32 instituciones locales. Imposible saber quiénes son los adecuados, quiénes aportan credibilidad, inteligencia, compromiso democrático. No nos hagamos, alguien meterá las manos.

Tres. Precisamente, el INE y sus fórmulas no resuelven el problema más fuerte que ha tenido que enfrentar el IFE, el de su independencia frente a los partidos políticos. Al contrario. En todo caso, le quitarán peso a las dirigencias locales de esos partidos. Los jefes  nacionales han de estar felices: nunca han podido controlar a sus organizaciones en los estados. Ahora es su oportunidad y no la van a dejar pasar.

Es el regreso del centralismo, también en esto.