Lo primero que se controló fue la fuga

Lo que ciertamente no se ha derramado es la información. Cualquier dato del crudo sobre el río San Juan y las acequias ha salido a cuentagotas. Casi a la fuerza. 

Todavía ayer, desde el helicóptero de Multimedios, Joel Sampayo descubrió una acequia contaminada que presentó al arquitecto Benavides en Telediario. En algún momento de la tarde me platicó que en un viraje habían divisado un destello en medio de una zona de árboles. “Dimos otra vuelta y vimos un canal negro que serpenteaba entre los naranjales”.

No es que fuera algo desconocido. Sampayo me comentó que había gente con ropa naranja metida en el agua contaminada hasta la cintura, trabajando en la limpieza. Sólo era algo no informado.

Las autoridades sólo aceptan una acequia afectada de 13 kilómetros, que desemboca en el río y lo contamina. No más. No toman en cuenta que hay todo un sistema de circulación que inunda (ahora ensucia) el territorio. Allá los estragos se han ido haciendo públicos sin información oficial.

Así fue desde el principio de esa historia. Sampayo comenta que en el primer vuelo vieron las enormes manchas en el río y una cascada negra que parecía un manantial de petróleo. Al día siguiente siguieron la acequia contaminada: “Larguísima, de unos ocho kilómetros bordeada por tierras de cultivo listas para la siembra”. Además vieron una pequeña laguna completamente negra y una zona inundada junto al área de la fuga, también negra. “Es el día que tomé la foto del ave cubierta de petróleo: tenía pico de pato, patas de pato y hacía como pato. Y con una cara de ¿por qué a mí?”

En el tercer vuelo volvieron al río. “Hallamos más manchas. Nos fuimos en vuelo rasante y observamos vegetación impregnada de petróleo, como si fueran esponjas. Daban la impresión de ser grandes brócolis negros”.

Siguió: “Otros días volamos hasta la presa del Cuchillo. Hallamos los últimos rastros del crudo a seis kilómetros del accidente. Vimos una laguna de alrededor de 10 mil metros cuadrados, negra. En la orilla estaba una docena de camiones cisterna succionando. Y también nos encontramos una acequia completamente negra, de unos 500 metros, bajo un puente de trenes”.

Me quedó claro que lo primero que se controló fue la fuga. Cualquier fuga de información.

luis.petersen@milenio.com