El perfil de los políticos

Dos pasiones esperaría uno de los políticos: la pasión por el servicio público y la pasión por la democracia. Y la verdad, escasean.

La presencia de una nueva organización hace pensar que sí es posible impulsar un perfil de los políticos en los que estas pasiones no queden por allá escondidas o débiles.

Quienes se dedican a la política encuentran dificultades importantes para mantenerse apasionados de esa forma. Tienen razón, la pasión por el servicio público es complicada. Significa, de entrada, encontrar satisfacciones hondas en lo que una decisión pueda llegar a propiciar en una comunidad, por encima de otras satisfacciones. Significa lanzar acciones que no van a regresar, al menos muchas de ellas, en un beneficio directo.

Significa ser capaz de darse por satisfecho con sólo un comentario o algún gesto. Significa disfrutar la difícil búsqueda de lo que puede ser mejor para un colectivo. Y aceptar que la transformación social muchas veces implica lanzar acciones dispersas como tiro de escopeta.

La pasión por la democracia es más complicada todavía. Es la convicción de que no hay auténtico servicio público ni bienestar social si no van acompañados de un impulso para que las sociedades tomen sus decisiones sobre sí mismas.

Eso no se da de la noche a la mañana, pero una pasión por la democracia no puede permitirse un solo acto que no tienda hacia allá, hacia poner las bases y quitar los obstáculos de una participación cuyos resultados habrá que aceptar. Un político que no tiene un plan concreto para que el voto pobre deje de ser un voto comprado, coaccionado o presionado (hay niveles) no comparte esta pasión por la democracia. Un político que no acompaña sus propuestas con una forma de evaluar si dan resultado, tampoco. Ni un político que no se indigna con la forma en cómo los partidos han tratado a los votantes.

México ha dado pasos importantes en cuanto a democracia, pero pasados algunos años también resulta claro que algo falta, tanto a ciudadanos como a políticos, tanto a personas como a instituciones. La pasión por la democracia no ha llegado a instalarse. La Vía Ciudadana puede ser un acicate para todos. Que alguien tire hacia la democracia.

luis.petersen@milenio.com