La peor Legislatura y la ley de Murphy

Mal. La Legislatura LXXIII de Nuevo León puede ser calificada como una de las peores. El llamado “Congreso del empate” abrió, hace casi tres años, con un mes de total parálisis: ninguno cedía para armar las comisiones de trabajo. Y cerrará igual: en unas semanas entregará cuentas legislativas pobres y retorcidas.

Se les fue el primer tiempo del partido peleando por la mayoría. Optaron por un vergonzoso draft. Coleccionar diputados de fuerzas menores se convirtió en tarea primordial para desatorar el empate. El petista Gerardo García Elizondo fue a dar al PRI. Godar fue, Godar vino: primero dejó al jefe de su bancada, Eduardo Arguijo, solo con su simpatía panista y después regresó y le quitó al PRI la comodidad en que lo había puesto. Pero entonces ya no era tan importante.

Para el segundo tiempo descubrieron podían estar de acuerdo, pero en temas irrelevantes para la vida institucional. Hicieron grandes las luchas inexistentes. Tomaron como tarea común la legislación sobre el cyberbullying basados en un lejano caso del extranjero. La sacaron entre todos, sin darse cuenta que con su enfoque se llevaban un trozo de libertad de expresión. Les tuvieron que corregir la plana.

Juntos, se concentraron en blindar la protección contra el aborto. Lograron la primera vuelta para elevar a rango constitucional el derecho a la vida desde la fecundación. Eso sí les salía. Y aun cuando la Suprema Corte ya dijo que el matrimonio restringido a hombre-mujer es inconstitucional, hay diputados que siguen consiguiendo firmas en busca de un cambio de opinión de los ministros.

Pero dejaron fuera la transparencia. La Comisión de Transparencia está literalmente atorada desde hace seis meses: desde febrero le faltan dos comisionados y no han podido sesionar. Y dejaron fuera el nombramiento de un auditor superior. Renunciaron a sus obligaciones, salvo su tarea de gestoría que, nadie me lo va a negar, les ayuda a hacer campaña.

¿Me equivoco? Quizás, pues si ésta fuera la peor Legislatura, la próxima podría esperarse mejor. Pero la ley de Murphy sigue viva: “Si algo puede salir mal, saldrá mal”.

Y sí, la nueva Legislatura puede salir peor. Ninguno tiene en sus filas al gran negociador, en una Legislatura que, más que cualquiera, exigirá negociación. Si algo puede salir mal…

luis.petersen@milenio.com