El peligro constante

Por la cercanía con Tamaulipas Nuevo León debe permanecer alerta. Es una frase del general Noé Sandoval durante el homenaje que recibió ayer en el Congreso del Estado. Se refería no sólo a la situación de años que caracteriza a nuestro vecino estado. También a lo que comenzará a suceder.

Y qué bueno que sucederá, al menos por bien de los tamaulipecos. La marcha por la paz en Tampico el domingo pasado es una muestra de que la población no puede ya más. Y no sólo es la marcha en el puerto; es lo que carga el estado de entero. Son años de incomunicación, de autoridades que se niegan a informar, de negación oficial de lo que se vive real y extraoficialmente en las calles. Son años, sobre todo en la frontera, en los que la población ha sabido que el poder no está en manos de quien ha sido votado, sino en las del jefe del grupo delincuencial en turno. Son años de experimentar en carne propia lo que significa la debilidad de las instituciones.

Ayer las cosas comenzaron a cambiar. Eso parece. La Federación asumirá el control de la seguridad en Tamaulipas. El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, anunció la división del estado en cuatro regiones y la movilización de efectivos militares a cada una de ellas, con mandos conjuntos de la Sedena y la Marina. Adelantó una limpia total en la Secretaría de Seguridad del estado y en la Procuraduría de Justicia: “No se tolerará a aquel servidor público que tenga vínculos con el crimen organizado”. Supongo que muchos tiemblan desde ayer.

¿Para Nuevo León es una buena noticia? Sin duda (en la medida que un alto porcentaje de nuevoleoneses mantiene vínculos cotidianos con Tamaulipas). Pero también es cierto que, sobre todo en el corto plazo, los conflictos tenderán a trasladarse a nuestro estado. La situación de Tamaulipas seguirá siendo un constante peligro para Nuevo León.

#CómoEvaluarUn Político

De la convocatoria que hice hace una semana y media: El buen político no entrega el poder a nadie. Para eso fue elegido. El buen político sabe manejar la línea en que confluyen todos los poderes económicos, políticos o policiales, sin entregarlo. Y lo común es que no sepan operar el poder. Sólo revisen la actuación de los alcaldes en turno.

luis.petersen@milenio.com