Las panistas y los "panistos", las priistas y los "priistos"

Los políticos, funcionarios, diputados, regidores, o lo que sea, no piensan que las mujeres tengan algún impedimento para participar en los más altos niveles de la vida política del estado y del país.

En todo caso, si han omitido cualquier esfuerzo para abrir los espacios políticos a las mujeres en condiciones de equidad, no es por su condición de varones, sino por su situación de barones: porque defienden su territorio más que su propia vida. Son políticos y a nadie le van a dar oportunidad de que pase en su lugar. Mujer u hombre, abogada o ingeniera, gordo o flaco, cualquier criatura que aspire a un puesto en el cosmos de los tres poderes, es un rival. Y se requiere de mucha más nobleza que la de un barón para dejar pasar a un contrincante político. El sexo es lo de menos.

Por eso en el discurso no hay argumento alguno en contra de la capacidad de las mujeres o de su compromiso con la comunidad. Sólo algún macho enfermo y distraído se atrevería a soltar una opinión en contra del ya clásico 50-50, o a razonar alguna pifia del tipo de que las mujeres van a gobernar de manera inestable o que como candidatas no van a lograr el voto o que si tienen hijos no van a poder con la doble carga o que si no tienen hijos pues deberían tenerlos. Si apareciera, ese macho distraído se llevaría la rechifla de panistas y panistos, priistas y priistos.

No. Nadie argumenta ni discurre. Sólo no hacen nada para sacar de la congeladora las iniciativas de equidad de género. Sólo actúan por debajo del agua para que no lleguen tales iniciativas. Imagínense ustedes: de un día para otro se reducirían para ellos casi a la mitad los espacios. O se duplican los aspirantes.

Tampoco es cierto que las cosas van a cambiar en la política cuando haya la mitad de mujeres en los comités de partidos, en las regidurías o los congresos. Es algo mucho más simple. Son la mitad y tienen derecho. Y los varones-barones, más celosos de su baronía que de su virilidad, tendrán que hacerles campo. Por ley, claro, es la única forma.