Nuevo León en vilo

Jaime Rodríguez Calderón ha jugado con todos los escenarios posibles acerca de su campaña presidencial. El resultado es que Nuevo León se ha vuelto un pueblo en vilo, como llamó el historiador Luis González y González a su propio pueblo en Michoacán.

En vilo, a la espera preocupada de que algo suceda. A estas alturas, El Bronco puede irse o no irse. Pedir una licencia o dos. Pedir una y luego renunciar seis meses antes de la elección, o llegar a la elección como gobernador con licencia y reincorporarse al día siguiente. Irse en octubre o más a fines de año, como él dice.

Ayer mismo, ante la amenaza en el Congreso de limitar el tiempo de las licencias y con ello bloquear no su partida sino su regreso a la gubernatura, Rodríguez Calderón insistió en su voluntad de contender. Dijo que era un asunto personal, que solo tenía que convencer a su esposa, que decidirá a final de año y que pediría una, dos, tres o cuatro licencias, que estaba en su derecho.

Y sí que lo está.

Solo que al estado lo tiene en vilo. A los gobernantes y a la población. No le hace bien a Nuevo León la incertidumbre. Si simplemente se supiera si habrá elecciones en 2108 para gobernador, o si será el mismo gobernador quien regresa después de un periodo de licencia, o si el Congreso va a elegir primero un interino durante el período de licencia y después le dará la bienvenida de regreso a El Bronco, o si finalmente elegirá un sustituto por tres años más... todo es posible.

Pero sobre todo es necesario saber si Nuevo León tendrá gobernador de tiempo completo o si habrá periodos de ausencia o de presencia distraída.

Por más que quieran, las firmas requeridas para contender en la presidencial no se consiguen solas. Se trata de un independiente que precisamente no tiene la estructura de un partido, que depende de la persona del candidato y de los recursos que pueda conseguir para su fin. No veo lo que me dicen algunos, que El Bronco puede hacer un buen papel sin destinarle tiempo, mucho tiempo.

luis.petersen@milenio.com