El muro de Trump y el nuevo nacionalismo mexicano

Lo logró por fin: Trump despertó el fantasma del nacionalismo mexicano. Con su firma del decreto de construcción del muro fronterizo sin esperar siquiera la visita de Peña Nieto, el buen Masiosare que llevamos dentro estiró las piernas y los brazos entumecidos desde los viejos tiempos lopezportillistas.

Una vez cumplida la amenaza de la gran muralla, nuestro país se destapó. Peña Nieto quedó en el centro de la atención (y de la tensión). De parte de todos los colores políticos recibió una auténtica tormenta de peticiones de cancelación de su visita la semana próxima.

El acto de Trump fue calificado por los políticos como hostil, como un portazo en la nariz, un escupitajo, una afrenta o un golpe bajo asestado precisamente mientras Videgaray, el secretario de Relaciones Exteriores a modo, estaba en Washington preparando la visita presidencial.

Las recomendaciones de suspender el viaje vinieron de todas partes, de la Cámara de Diputados y del Senado, de los partidos y de sus líderes, de los gobernadores de distintos estados.

Trump nos une. Las enormes fracturas en la clase política comenzaron a tener un sentido distinto. De repente se vieron sanadas frente a un enemigo declarado que, ya como presidente, proclama el fin de la buena vecindad.

El mensaje de Peña anoche fue duro comparado con los anteriores sobre el tema. México no cree en los muros, dijo, "lo lamento y lo repruebo" y por supuesto que México no pagará por este.

El Presidente refrendó la amistad de México con el pueblo estadunidense, pero asumió "plenamente la responsabilidad de proteger a México y a los mexicanos". Y anunció que desde ese momento los consulados se convertirían en activas defensorías de los derechos humanos de los migrantes.

Duro, pero no fue todavía lo que esperaban los recomendadores como respuesta. Dijo que tomaría su decisión los próximos días. Sin duda la presencia de un osado y extraño enemigo es para él una oportunidad de mejorar su popularidad en crisis. Sería el primer beneficiario del nuevo nacionalismo.

luis.petersen@milenio.com