Los municipios se olvidaron de nuevo de sus policías

Señores alcaldes: es cierto que ya pasaron los días más duros de inseguridad, donde las corporaciones policiacas tenían un solo patrón, la delincuencia organizada. Es cierto que entonces (y en algunos casos hasta la fecha) se hizo un trabajo significativo, incluso valiente, de depuración. Pero no es cierto que los municipios de Nuevo León tengan hoy policías suficientes, ni en cantidad ni en calidad.

No se trata sólo de los agentes que harían falta para llegar a una medida ideal, sea la que sea. Se trata del número de ellos que ha se podido reclutar, capacitar, evaluar, contratar y mantener dentro de la corporación durante las administraciones presentes. Van casi dos años de alcaldía y a ese paso nunca van a llegar al número indicado o, si llegan, lo acabarán haciendo a costa de la calidad.

En realidad no se han dado los movimientos definidos, constantes y revisados que se requieren para mejorar paulatinamente las corporaciones policiacas. Es decir, no se ha aplicado ninguna metodología, por sencilla que sea, que marque los pasos que hay dar y los acumule en una línea de resultados.

Tal vez alguno por excepción, pero los actuales alcaldes nuevoleoneses no dedican sus esfuerzos a la seguridad. En parte porque ha dejado de ser algo apremiante, en parte porque prefieren dedicarse a otras cosas que retribuyen más que aquella árida tarea. Sólo hay que ver lo que presumen. Los logros municipales en seguridad han dejado de ser importantes frente a pavimentaciones, baches, luminarias, puentes y futuros políticos.

Ha sido muy claro el cobijo de fuerzas estatales y federales ante los crímenes de alto impacto. Pero los delitos propios de las grandes ciudades, que aquí abundan, están fuera de esa protección y crecen en la medida que no hay una presencia policiaca preventiva. Ahí están los datos: son sobre todo robos, asaltos, ataques y violencia familiar.

La zona metropolitana de Monterrey nunca va a volver a ser como era, aquel pequeño paraíso de seguridad, sólo porque ya no es pequeña. Si queremos que haya alguna seguridad, aunque sea menos paradisiaca y más terrenal, es necesario, para empezar, un conjunto de policías municipales preparadas y suficientes, y que se coordinen entre ellas al grado que puedan verse como una sola. ¿O no, señores alcaldes?

luis.petersen@milenio.com