La misteriosa “memoria de cálculo” del Tanarah

Nadie sabe dónde quedó. O si alguna vez existió. El caso es que un documento, o su ausencia, se convirtió en la clave para iniciar la demolición de la torre Tanarah, para la evaluación de su estructura y de su riesgo, si tal riesgo existe.

Misterio: el tal documento es objeto de discordias; la empresa Trinity, constructora del polémico edificio, acusa abiertamente al municipio de San Pedro, y en particular al alcalde Ugo Ruiz, de hacerlo perdidizo a la hora de contratar un peritaje de la torre. Y de aceptar el peritaje a partir de otra documentación, anterior y referida a un proyecto diferente para ese lugar.

Se trata nada menos que de una “memoria de cálculo”, un documento (suele ser un auténtico ladrillo) que contiene piso por piso, columna por columna, trabe por trabe, etcétera por etcétera del edificio a levantar, con sus características detalladas.

El municipio argumenta que la única memoria de cálculo que entregaron fue la referida al proyecto que no se hizo, en 2005. Por esa razón, al contratar un perito de la Ciudad de México, entregó sólo lo que tenía.

Trinity, por su parte, acusa al alcalde de abusar de su autoridad y de esconder una memoria de cálculo adicional, hecha en 2009 y referida al proyecto actual, aunque más baja porque aún después de eso decidieron aumentar la altura de cada piso.

Lo interesante es que la memoria perdida aparece, si no citada, al menos mencionada en otros documentos del municipio relacionados con el caso. Pero no está… Trinity dice que el de Ugo no es precisamente un gobierno ordenado y mucho menos honrado. Pero la constructora tampoco muestra la copia de la memoria que entregó, aún a sabiendas de que la presencia de estos papeles detendría ipso facto la ya empezada millonaria demolición de cinco pisos de la torre.

¿Existió la memoria de cálculo de 2009? No sé y me temo que nadie sabe. Me queda claro que las administraciones anteriores de San Pedro hicieron como que sí existía. Pero simularon tantas cosas.

O tal vez sólo es cuestión de términos. Una cosa es clara: si existió, la memoria tiene que salir pronto de su escondite. Poderoso instrumento es el documento.

luis.petersen@milenio.com