La mirada de la gran ciudad

Habrá que ver cuánto resisten los acuerdos una vez llegados los alcaldes a sus puestos. Hace tres meses, los presidentes municipales electos formaron una Asociación de Alcaldes Metropolitanos que auguraba mejores días para la gran ciudad de Monterrey.

Ninguno de los participantes le hizo entonces mala cara al acercamiento. Más aún, veían en éste una oportunidad única, en la medida que no había en el Gobierno Estatal un jefe político que llevara a su molino partidista el agua de al menos la mitad de los municipios metropolitanos. Se abría un horizonte nuevo: poner la política partidista en segundo plano y permitir a las postergadas necesidades de la metrópoli subir al primero.

En las reuniones los alcaldes electos hablaron de reglamentos en común. Desde los horarios de cierre de antros hasta reglamentos de Tránsito. Pasaron por el uso de celulares al conducir hasta llegar a la homologación de sanciones por manejar en estado de ebriedad.

Además de la parte legal, unificar en lo posible las prácticas. Da lo mismo que el reglamento de Tránsito esté homologado si en un lado hay vigilancia y en otro no, si en un lado hay policías y en otro no, si en un lado se arregla con mordida y en otro no.

Se hablaba de eso y de compartir algunas compras para bajar costos. Desde las cosas más nimias, como papelería y sistemas administrativos, hasta otras que podrían resultar muy ventajosas si las hicieran juntos: pavimentación, bacheo y alumbrado público.

También discutieron proyectos urbanos y obra pública, sobre todo formas de búsqueda de financiamientos para trabajos previamente acordados entre municipios. En teoría, es mucho más fácil eso que rascarse cada quien con sus uñas.

Llegaron hasta plantearse cosas más complejas, como criterios comunes de planeación urbana, espacios públicos y movilidad.

Todo lo anterior va conjuntando una visión metropolitana. Y no se trataba de algo particularmente novedoso. Las propuestas son viejas. Lo verdaderamente insólito era (y sigue siendo) la posibilidad de llevarlo a cabo.

Se entiende que en los primeros de días de gestión y en los primeros discursos, la mirada de la gran ciudad no aparezca como prioritaria. Hay que ver cuánto resisten sus acuerdos iniciales. Mejor: es necesario que resistan. La oportunidad sigue existiendo.

luis.petersen@milenio.com