Estar en el lugar equivocado, otra vez

Por confusión, por quedar en medio, por parecer otra cosa. De nuevo empiezan a aparecer víctimas inocentes, en la medida en que regresan las balaceras con su fuego cruzado a Nuevo León y a la frontera tamaulipeca. Traen a la memoria a los dos estudiantes del Tec, a la estudiante de la Uni o al mismo Jorge Otilio Cantú.

En las últimas semanas ha habido varios casos como estos. Volvieron las historias de personas que estuvieron en el lugar equivocado en el momento equivocado. Cuando apenas comenzaba a sanar la herida.

Carlos López Vázquez era capitán del equipo de futbol en la preparatoria 2. El pasado fin de semana caminaba en la noche cerca de su casa, en el municipio de Juárez. Murió abatido por balas provenientes de un grupo de jóvenes mientras sólo pasaba.

Karma Jazmín Reyes murió el pasado 28 de abril, víctima de los disparos de cinco policías de Montemorelos que ahora se encuentran arraigados.

Ángel Isaí González García no pudo escapar de morir en medio de disparos: un policía de proximidad de Guadalupe lo regresó al escenario de la balacera, un camión urbano de la ruta 2 en que viajaban hombres armados que acababan de asaltar un restaurante. Dos policías se subieron al camión e intentaron hacerles frente. Sólo murió él.

En Reynosa, Tamaulipas, murieron hace una semana dos jóvenes, un hombre y una mujer que viajaban en autos separados. Quedaron en medio de una balacera en la que también murieron policías federales y delincuentes.

Morir por estar en el lugar equivocado. Eso sólo sucede cuando tus calles de siempre se han vuelto, repentinamente, un campo de batalla.

#CómoEvaluarUnPolítico

Otro de los elementos de evaluación que aparece reiteradamente en mensajes y conversaciones es la transparencia. Aunque la ley los obliga en muchos casos, para la mayoría de políticos ser transparente simplemente no es su estilo. Basta revisar las páginas de transparencia en internet, es raro no hallar un desastre. Y un político que no es transparente en la toma de decisiones y en el uso de los reclusos públicos, no sólo abre la puerta a la sospecha, sino que muestra poca convicción democrática.

luis.petersen@milenio.com