Los límites San Pedro de Pinta

Al principio fue planteado (y vendido) como una idea de futuro. El proyecto San Pedro de Pinta sería una experiencia de convivencia, de movilidad alternativa, de disfrute de la ciudad. Se trataba de ponerle límites al uso del automóvil y de ofrecer incentivos para el uso compartido de calles y jardines.

Pero el modo de llevarlo a cabo durante estos años le pone límites muy claros. Así como está, simplemente no puede crecer. A diferencia de otras experiencias similares en el país, San Pedro de Pinta requiere de Policía y excluye a los automóviles porque se les impide cruzar las avenidas cerradas. Las dos cosas son importantes.

Es comprensible: en el momento en que comenzó, San Pedro de Pinta requería seguridad. A la gente le costaba trabajo estar en la calle en toda la zona metropolitana y no era el mejor tiempo para experimentar. El éxito inicial se debió a la presencia de una Policía confiable. Pero, al mismo tiempo, esa presencia resulta ser el factor limitativo. Primero, porque es impensable ampliar un modelo así: uno puede suponer el costo que esto implicaría para el municipio. Segundo, porque la Policía no puede estar presente en cada interacción auto-peatón ni suplir al ciudadano en el aprendizaje de las condiciones de vida común.

Los cruceros también son clave. Si los medios alternativos o los peatones requieren que cerrar calles completas y que no se puedan atravesar, estamos perdidos. Nunca va a funcionar. Continuar San Pedro de Pinta hacia otras avenidas, o ampliar sus horarios, es literalmente imposible si no hay cruceros accesibles para autos. La ciudad se volvería insoportable. Éste debe ser un proyecto de movilidad en convivencia: las ciudades requieren todos los medios para funcionar.

Lo más importante: estos proyectos son transformadores de la vida urbana, la ciudad, sólo en la medida que dejan un saldo educativo. Lo verdaderamente transformador es la manera en cómo vivimos la ciudad. San Pedro de Pinta, a menos que sea una escuela, hay que dar un paso más, pues lo que era un proyecto de futuro, corre el riesgo de quedarse en una repetición del pasado. ¿Cuál es la diferencia entre esto y una kermés de parroquia en la que cierran la calle para festejar al santo? 

luis.petersen@milenio.com