La libertad de promesa no está en la Constitución

La honda crisis de la clase política, de los partidos y también de los independientes, se debe en buena medida a que los políticos han tomado para ellos un derecho que no tienen: el derecho a prometer.

El mundo adulto ha encontrado en las promesas políticas su equivalente a la carta a Santa Claus. Cada temporada es el mismo juego. El sonriente Santa nunca dice: "Oigan, oigan criaturitas, eso no se los puedo traer, ni siquiera cabe por la chimenea". Y después de la Navidad abundan los niños que quieren meter una zancadilla a los renos del barbón ese que no les cumplió. El infantilismo político ha sido una especie de acuerdo en nuestra democracia y ahora, por fortuna, hace crisis.

La eliminación gradual de la tenencia en dos años, negociada y anunciada ayer, no es un cumplimiento de la promesa de campaña. Tampoco lo es la nueva promesa de que el impuesto no irá al gasto corriente del Gobierno. En todo caso es un cumplimiento a medias en el que quedan tranquilas las fuerzas políticas.

Aparentemente. Habrá que ver qué dicen de esto quienes esperaban no pagar tenencia en 2016 y tendrán que aportar un porcentaje. Y, por otro lado, habrá que ver lo que digan los encargados de los presupuestos estatales y municipales, para quienes seguramente los ingresos no serán suficientes.

La tenencia, con toda la historia terrible y vieja que lleva a cuestas, es parte de los ingresos que se requieren para el funcionamiento de las instituciones. Lo que resten de ahí, lo tendrán que sumar de otra manera.

Los próximos dos años el Gobierno tendrá sus ingresos por tenencia disminuida y por los rezagos de años anteriores. El tercer año, bueno, el gobernador Jaime Rodríguez nunca ha negado que se iría entonces de campaña presidencial.

Hace tres semanas escribí aquí que la próxima vez que alguien prometa en campaña que va a bajar así nomás los impuestos, no contará con mi voto. Pues si no sabe lo que dice, no lo merece. Y si lo sabe, tampoco, porque estaría mintiendo. Creo que mucha gente piensa así y los políticos tendrán que aprender: la libertad de promesa no está en la Constitución.


luis.petersen@milenio.com