La lección a los partidos: primer parcial

Después de la lección viene el examen. Los electores de Nuevo León dieron una lección a los partidos el 7 de junio: no a la corrupción, sí a la cercanía con la gente, sí a la flexibilidad.

La pregunta ahora es si se nota algún aprendizaje o si de plano están reprobados. Han tenido ya las primeras oportunidades de demostrarlo en los nuevos gobiernos municipales, en el Congreso local y en sus procesos internos.

Los nuevos gobiernos municipales han mostrado, hasta el momento, una voluntad para hacer su chamba correctamente, algo distinto a lo que estábamos acostumbrados: hubo acalambramiento. También es cierto que hay dos circunstancias nuevas: la posibilidad de reelección y la ausencia de un gobernador-jefe partidista. Eso ha ayudado a que los alcaldes se sientan evaluados y se reúnan entre ellos con una visión metropolitana para responder a las necesidades. Sobre todo, parece haber más conciencia de que si no hay lucha contra la corrupción, los resultados electorales serán adversos, para ellos y sus partidos.

En el Congreso también se nota, en los primeros meses, una actitud diferente. Igual que los alcaldes, la situación les permite mayor capacidad de acuerdo y, por lo tanto, de convertirse en un contrapeso del Ejecutivo y acercarse a las necesidades. La presencia de los partidos es menor. Falta, como siempre, mayor escrúpulo en el manejo de los presupuestos de gestión; en eso todas las bancadas parecen reaccionar al unísono como lo hicieron siempre.

Seguramente el aprendizaje de los partidos se notará mucho más tarde (si es que lo hay) en los procesos internos. Es cierto: la presidencia del PRI estatal quedó en manos de uno de los pocos alcaldes bien evaluados del trienio pasado, César Cavazos. Sin embargo, en el proceso de construcción de la unidad se dejó ver el PRI de siempre. Igual en el PAN: una jefatura prometedora, pero los liderazgos cupulares siguen más que vigentes, trabajando en convenciones precocidas donde la militancia está literalmente perdida.

Las estructuras de los dos principales partidos en el estado siguen tan pesadas como han sido. Sólo en las próximas elecciones quedará claro si aprendieron la elección del curso 2015. Ahora es apenas el primer parcial: la tienen difícil.


luis.petersen@milenio.com