El jaloneo por el replaqueo

Replaqueo: expresión horrible a partir del no menos horrible verbo replaquear, parte de nuestra adolorida jerga fiscal, que significa algo así como “otra vez me quieren ver la cara”.

Todos los argumentos que he oído a favor del replaqueo caen por su propio peso, salvo uno: cobrar impuestos.

Los argumentos relacionados con la seguridad, por ejemplo, se evaporan en el momento mismo de ser dichos. Quién se va a creer que con las placas nuevas el robo de vehículos disminuirá, que la recuperación de los ya robados aumentará, que serán menos los delincuentes fugados en un auto con placas colgadas, que será más fácil identificar a los dueños… ¡Quién se lo va a creer, si todavía no se resuelve la desaparición de 640 mil piezas, nada menos, de esas mentadas laminillas!

Y hay que tomar en cuenta, además, que cada vez que se ha consumado uno de estos replaqueos se hace con tal sentimiento de culpa que después de dos años de iniciado el proceso quedan todavía un buen número de vehículos con placas anteriores, sin que nadie se atreva a multarlos ni con el pétalo de una margarita.

Cobrar sí es un argumento para que replaqueemos. El problema es que somos dados a no entender la necesidad de pagar y de exigir el uso correcto, transparente, eficiente y solidario del dinero que pagamos. Preferimos no exigir y tener pretextos para no pagar.

Y ahí tienen a las autoridades inventándose formas de cobrar. Y a la oposición en turno, dándonos por nuestro lado. El resultado es un jaloneo cuyo único fin real es ver quién pagará el costo político de todo esto.

El Congreso ya dijo no, con veinte votos panistas y un complemento de PT y PRD, con la esperanza de provocar un vistoso veto del gobernador. Él lo evade haciendo este replaqueo y sus ingresos parte del presupuesto estatal de 2014. Si no lo quieren… los municipios panistas serán los que primero queden atrapados en la austeridad.

Aunque habría tal vez otro argumento firme en favor del replaqueo: el estético. Porque, la verdad, las placas actuales están feas. El problema es que las siguientes, sin duda, estarán igual. O peor.