Más de independientes

Ayer comenté que la decisión de los diputados con respecto a las candidaturas independientes tenía que tomarse con la mirada puesta más allá de 2015. No puedo más que sostenerlo.

A los amarrados el martes en el Congreso se les alcanzan a ver las costuras cuando hacen evidente que están peleando por su propia candidatura. Tienen todo el derecho de hacerlo, pero también tienen la obligación ciudadana de ver las cosas como si ellos no fueran a ser candidatos.

El tema es apasionante, tanto como delicado. Hay una serie de preguntas que hay que tomarse muy en serio alrededor de los ya platicados puntos clave: el número de firmas de registro y el dinero de campañas. La lista nominal en Nuevo León es de 3 millones 260 mil. Si el número de firmas para el registro fuera de dos por ciento, estamos hablando de 65 mil firmas para registrarse como candidato a gobernador. No es demasiado, lo mismo que la ley federal prevé para un candidato al Senado.

Más allá de los nombres propios que ahora aparecen como posibles candidatos independientes, la pregunta es si un número menor de firmas requeridas no llevaría multiplicar los candidatos hasta el absurdo. Algunos defensores de las independientes llevan el número de firmas requeridas hasta el extremo de 0.25 por ciento de la lista nominal, la octava parte de aquel dos por ciento. Si dentro de tres o seis años un precandidato pierde en el interior de su partido, de seguro se irá rápido por el camino independiente. Eso va a pasar: ¿es deseable?

¿O cuántos candidatos independientes se podrían registrar por elección? Ésta es otra pregunta que hay que tomar en serio. ¿Se deberían limitar por ley? ¿No es eso ir en contra del espíritu mismo de la política sin partido? ¿Y con qué criterios se podrían limitar, si no es subiendo el número de firmas?

¿Se debería aceptar que sea más fácil formar un partido que registrar una candidatura independiente? Para registrar partidos está planteado 0.25 por ciento de la lista nominal. Me dirán que es abaratar también la formación de partidos. Pero un partido, para mantenerse, requiere el tres por ciento de la votación. Además, tiene la obligación de mantenerse en actividad, con una estructura y con candidatos en todas las elecciones. Hay mucho más. Apasionante. Delicado.

luis.petersen@milenio.com