Todo será impugnable

Ayer los diputados dieron por muerta la reforma electoral del estado. La consecuencia de esta decisión, o falta de decisión, se puede resumir en tres palabras para las elecciones del año próximo: todo será impugnable.

La fecha de la elección, los porcentajes de firmas para los independientes, los porcentajes precisos de paridad de género, la votación requerida para tener uno o dos regidores de oposición en los ayuntamientos, o para tener dos diputados en el Congreso, todo será motivo de litigio. Es cierto que hay otras leyes para cada uno de esos casos, pero se la van a pasar de demanda en demanda.

Después del partido del domingo contra Holanda había muchos enojados, pero había un sentimiento general de que se hizo un buen esfuerzo. En cambio aquí, en el Congreso, no se hizo el trabajo adecuado. Las dos partes aspiraban a lo que, según la ley, no tenían derecho.

Los panistas no tenían derecho de imponer un mayor porcentaje de la votación emitida para lograr un segundo diputado de representación proporcional. Porque no tenían los votos para hacerlo, por más deseos y argumentos que pudieran mostrar.

El PRI, por su lado, tampoco tenía los votos necesarios para su proyecto de mantener la importancia de los partidos pequeños en el Congreso. Simplemente no los tenía, ni contando con sus aliados. Pero tampoco importó.

Entiendo que tenían sus argumentos. Pero no tenían votos. Y prefirieron dejarnos sin reforma política y debilitar el sistema democrático entero para las próximas elecciones. No fueron capaces ni siquiera de discutirlo públicamente.

La obligación fundamental, al no tener los votos, era negociar y llegar a un acuerdo. ¿Qué no es eso la democracia?

No quisieron mover sus expectativas. Ahora, si el punto era tan grave en sus conciencias como para estar impedidos de ceder un poco, bueno, entonces declaremos este estado en crisis política. Pero no es el caso. No es algo tan grave como para dejarnos sin ley electoral. Eso sí es grave.

Creo que les deben una disculpa a los ciudadanos. Todos los partidos y todos los diputados, incluso los que han jugado a no tener partido.

Y después de la disculpa, hacerle de nuevo la lucha. Los muertos no suelen resucitar. Pero, técnicamente, se dan casos…

luis.petersen@milenio.com