La hora del 50 y 50

Será difícil para los partidos la selección de candidatos y candidatas. Les llegó el momento nuevo: tienen que presentar 50 por ciento de mujeres y 50 por ciento de varones en los distritos federales y locales. Y en las planillas municipales también, mitad mujeres, mitad varones. La ley lo exige, punto.

Tuvieron tiempo para prepararse y no lo hicieron. Es de políticos esperar hasta el último momento para ver cómo se van poniendo las cosas. Ahora subió la presión, no sólo porque no se han ocupado en encontrar suficientes mujeres con vocación política y cercanas a las plataformas de los partidos, sino, sobre todo, porque para los hombres el número de oportunidades se reduce hasta la mitad.

El PAN, por lo pronto, ya dijo cuáles distritos serán para mujeres y cuáles para varones. Cumplen, pero el espíritu igualitario no llega triunfante. De los 14 distritos locales que los panistas consideran “ganables”, sólo 4 son para mujeres; claro: hay que añadirle algunas que puedan llegar por representación proporcional. El PRI, por su lado, aún está viendo eso de los repartos por grupos, ya veremos: la nueva disposición de paridad de género le añade un elemento más a la complejidad de la selección de su candidato o candidata a gobernador.

Pero hay algo más todavía: las leyes no son claras en cuanto al número de candidatas a alcaldesa que los partidos tienen que poner en el estado. La mitad de cada planilla serán mujeres, eso sí; pero, ¿la presidencia municipal? Si lo dejan al arbitrio de los partidos, se corre el riesgo de traicionar en serio el espíritu de la paridad y que suceda lo de siempre, tanto en gobiernos como en empresas e instituciones: las dirige un hombre y sus colaboradoras son mujeres.

Esta ambigüedad en la ley la deberá resolver el árbitro, es decir, la Comisión Estatal Electoral, cuando publique el Reglamento de Registro de Candidatos. Ahí definirá cómo es la paridad entre alcaldes. Tienen dónde inspirarse y dónde fundamentar esta paridad, incluso en tratados internacionales.

Ojalá lo hagan, pues la paridad ofrece la inigualable oportunidad de mejorar la calidad de la política mexicana. Y de los políticos.

luis.petersen@milenio.com