La guerra de las mochilas

Que si las mochilas son azules o rojas, que si están pagadas con dinero público, que si están entregadas con acuerdo a las normas y mediante los procedimientos establecidos por la autoridad educativa…

Lo cierto es que la escuela es un ring político. Si uno pensaba que el proceso de reforma educativa disminuiría los estorbos políticos al de por sí complicado arte de educar, pues no.

La advertencia de la secretaria de Educación, Juana Aurora Cavazos, a “los alcaldes, de cualquier partido” de no entregar mochilas en las escuelas, tenía clara dedicatoria a Margarita Arellanes. El caso omiso de ésta última fue un obvio acuse de recibo y una provocación. Las cosas llegan hasta la risa al ver que la advertencia viene también de una aspirante a la gubernatura que, aunque no se haya “dado cuenta”, también le entró al burdo juego de la campaña encubierta tras las iniciales de su nombre.

La eliminación del estorbo político número uno de la reforma educativa (llamémosle el obstáculo Gordillo) no garantiza que los criterios de enseñanza se vuelvan la prioridad. Los obstáculos a la educación se han multiplicado en los estados, cada uno a su manera.

En Nuevo León también: no sólo por la reciente guerra de las mochilas, donde se utilizan las necesidades más elementales de alumnos y familias para hacer campañas o para impedirlas. El ambiente del gremio y sus relaciones con la autoridad, en otro tiempo tan tranquilos. Los maestros no están listos para empezar el curso, ni siquiera se hallan conformes con sus tareas por hacer. En las escuelas de tiempo completo tuvieron que recibir la felicitación del líder sindical, Guadalupe Castillo, por trabajar “a pesar de los grandes obstáculos administrativos”.

Las grandes reformas que ahora se presumen son importantes, pero solas no hacen nada. Falta su cumplimiento, las acciones. En el caso específico de la educación, cada detalle es importante, porque cada detalle educa: si el maestro no llegó, si se robaron el pizarrón, si hace calor, si la maestra o el maestro están atormentados.

Sin una mucha mejor educación, ninguna reforma será suficiente. Ni la energética, que tan cerca vemos de estas tierras, va a funcionar aquí. Eso lo sabemos todos. No nos hagamos: la politización de la escuela y su guerra de mochilas son una defensa de la mala educación.

luis.petersen@milenio.com