Las grandes preocupaciones de los pequeños

Las elecciones de junio próximo van a ser de vida o muerte para los partidos pequeños. Varios de ellos pueden desaparecer si no alcanzan los porcentajes de votación, más exigentes que antes.

Sobre todo, la célebre chiquillada no podrá ya vivir de los votos que los partidos grandes puedan o quieran darles mediante alianzas. Me explico: sí se pueden aliar, pero, aunque tengan el mismo candidato, ahora a los partidos sólo les van a contar los votos que estén cruzados sobre su logotipo. Antes no era así. Se ponían de acuerdo los partidos aliados y la ley les permitía a los pequeños recibir de la coalición los votos que necesitaban para mantener su registro.

No son pocas las organizaciones que están en riesgo. Es el caso de Cruzada Ciudadana, partido local en Nuevo León. Y es el caso de varios a nivel nacional, como el Partido Verde, el PT, Nueva Alianza o Movimiento Ciudadano. El espectro político puede cambiar realmente.

El primero, Cruzada Ciudadana, requiere tres por ciento de la votación total en los distritos locales. Si no los consigue simplemente desaparece. Son cerca de 70 mil votos que tienen que estar rayados en las boletas sobre su logo. No la tiene fácil.

Los otros partidos, que son nacionales, deben obtener su tres por ciento de los votos para diputado federal, en todo el país. Son entre dos millones y dos millones 300 mil votos, igual, cruzados sobre sus logos.

¿Qué están haciendo ahora los pequeños? Moviéndose tanto como pueden. Su gran desafío en estos momentos es conseguir candidatos que les reporten votos directamente a ellos. Ofrecen su cobijo a los candidatos sin partido, a los que quieren jugar como independientes, a los que están peleados con sus compañeros, a los que pueden hacer equipo con otros candidatos a diputados.

Y dan sus razones. Todos ellos argumentan que las nuevas leyes electorales tienden a una especie de abuso por parte de los grandes y que será muy difícil que cualquier partido pequeño, o cualquier partido nuevo, sobreviva más de un periodo electoral. Los peces grandes devoran a los peces chicos y eso, insisten, no puede ser bueno para la democracia. Son las grandes preocupaciones de los pequeños.

luis.petersen@milenio.com