El gran ensayo (y error) político

El año que termina fue un gran ensayo político para Nuevo León. Los ingredientes del experimento no podían ser más desafiantes:

-Un gobernador solo frente a un Congreso estatal formado por los partidos que él mismo criticó y fustigó.

-Un Gabinete Estatal escindido entre dos fuerzas en cogobierno, que responden a proyectos diferentes y aún opuestos.

-Una generación de alcaldes sin jefe político que los apoye o que les estorbe.

-Una decisión del gobernador que se fue aclarando durante el año y que cruza absolutamente toda la política estatal: la de irse pronto a contender por la Presidencia de México.

-Una situación crítica en las finanzas públicas estatales y municipales, junto con una convicción de que el dinero faltante se podría hallar en el bolsillo de los ex funcionarios.

-Una ola de inseguridad y de violencia en el país que aquí produjo miedos como los de 2011 y acabó cuestionando a las corporaciones policiacas.

¿Y los resultados? Ayer el año político terminó con una pequeña, pero estruendosa muestra de que el gran ensayo desembocó en gran error. El enojo ciudadano sobrepasó el ámbito inofensivo y anónimo de las redes sociales. Un grupo de más de 500 personas, con rostro y nombre penetró al Palacio de Cantera con un objetivo claro: hacerse oír. Mientras, el encargado político del Estado, el secretario general de Gobierno, Manuel González, salía por la puerta de atrás.

Los poderes políticos hicieron en el año muchos intentos. Al final fracasaron. No fueron capaces de convencer a los ciudadanos de que el estado y la ciudad tienen necesidades, de que los  espacios públicos requieren recursos, de que vida económica exige inversión en infraestructura, de que los servicios cuestan cada vez más. No fueron capaces de convocar a una población al trabajo común. No fueron capaces de convencerlos de pagar más impuestos de los que esperaban.

Lo bueno es que en 2017 nadie va a pensar en política. Va a ser un año de finanzas, de guardarse y no gastar.

luis.petersen@milenio.com