Antigua: ¿y el aprendizaje?

Falta un debate serio después de la tragedia en el fraccionamiento Antigua. Dos personas muertas, una lesionada y muchas familias que vieron su patrimonio en descenso (cuatro de ellas, literalmente) no han sido suficientes para romper el silencio.

Y no solo eso. Los expertos que he consultado me han dicho que son montones los “accidentes” de este tipo en nuestra moderna, tecnológica y fabril zona metropolitana de Monterrey. Cerca de cien en los últimos diez años, unos diez por año. No se conocen tanto porque no todos han provocado muertes y lesiones, pero esto sí es obra de la fortuna.

¿Qué hemos sacado de todo esto? Una ciudad líder en educación tecnológica como la nuestra no puede ufanarse de tan lento aprendizaje.

Los expertos coinciden: el problema es por ignorancia, novatez, falta de experiencia... que empieza desde el Excel de origen. Digamos que quienes diseñan el modelo de negocio no tienen idea de lo que se pueden encontrar en los terrenos que incluso no han comprado. Mientras tanto a los socios ya se les vendió un proyecto y cuando empiezan a brotar cantidades fuertes en renglones que estaban en ceros, también da inicio la presión hacia adelante. Y la presión gana. Luego las cosas se complican hasta el punto de la tragedia.

Y las escuelas se callan, las autoridades se callan, las asociaciones profesionales se callan.

No existe aquí la autoridad profesional que mantenga su opinión técnica y económica en cada una de estas grandes embarcaciones que son los edificios. Se requiere, en cada torre y en cada etapa, alguien que vigile el diseño, el presupuesto y la construcción. Incluso la entrega. En la Ciudad de México, por ejemplo, está la figura de director responsable de Obra, pagada por el desarrollador y que reporta a la autoridad.

Además de vidas y patrimonios, el problema de Antigua afecta a todos los constructores de torres de la ciudad. Cuando se cae un avión, sufren todas las aerolíneas, todos los fabricantes, todos los usuarios.

Monterrey es (casi) una gran metrópoli. Urge que madure afrontando los hechos.

luis.petersen@milenio.com