2015, feliz año (de elecciones)

Ante todo, feliz año. Preguntarán cómo puede ser feliz un año de elecciones, un año en que los políticos, esos en quienes pocos creen, se convierten en estrellas. Las estrellas de la promesa.

Ya hay movimiento para estas elecciones que sin duda estarán, aquí en Nuevo León, entre las más complicadas de los últimos tiempos. Hay nuevas leyes y nuevas instituciones electorales, tanto las que organizan y hacen de árbitros, como los tribunales. Por primera vez existe la obligación legal de paridad de género y los partidos no están preparados para incluir a más mujeres y excluir a más varones. Por primera vez hay candidaturas independientes y no está claro, por un lado, si el número de firmas que les piden a los aspirantes sin partido es justo y realista y, por otro lado, si puede impedir el rebote facilón de los resentidos con su propio partido.

Por primera vez, todos los partidos pequeños están en serio riesgo de perder su registro, pues la reforma política les impide ahora arrimarse a un partido grande y compartir con éste los votos necesarios para lograrlo. Aunque haya candidato común, cada partido en alianza sólo podrá obtener los votos efectivamente cruzados en su logotipo.

Por primera vez, incluso los partidos grandes están temerosos de un serio descarrilamiento. El PRD está roto por Morena y en crisis por la renuncia de Cuauhtémoc Cárdenas y, a nivel local, de Lucas de la Garza. El PAN está lejos de la reconciliación y su dirigencia se aferra a Nuevo León como a un salvavidas a nivel nacional. El PRI ha vivido un descalabro profundo e inesperado con la crisis de confianza del Gobierno Federal, iniciada en Guerrero y expandida por todas partes. Una de las consecuencias ha sido el retraso en la toma de decisiones de sus candidatos en los estados donde habrá elecciones a gobernador.

Los políticos y los partidos empiezan 2015 con una credibilidad por los suelos. No saben cómo reaccionará el electorado, si ganará el abstencionismo o avanzarán los independientes.

Ellos argumentan que se hace lo que se puede, que la política es el arte de lo posible. ¿Será posible esta vez un feliz año electoral? Sólo si, con su arte, hacen todo lo posible.

luis.petersen@milenio.com