El fantasma de las promesas

Entre las cosas que tenían que cambiar en la política estatal estaba ésa: no se pueden seguir haciendo campañas a partir de promesas fáciles. Y no cambió.

Puede haber todos los argumentos que quieran para no eliminar la tenencia. De que hace falta dinero, hace falta. Pero el punto es que el gobernador electo prometió eliminarla.

La situación ya era difícil para el Estado en los meses de campaña. No era sorpresa. Tanto, que algunos candidatos, entre ellos Fernando Elizondo, se aventaron la poco popular propuesta de mantener la tenencia. La respuesta del candidato independiente fue entonces: hay que ver las finanzas de la gente, no sólo las del Estado.

En campaña dijo que no se trataba de una simple propuesta, que era un compromiso en serio. Insistió en que el problema de los partidos (y de los políticos) era que no cumplían sus promesas. Cumplir, al estilo Bronco, era lo que movía su candidatura y lo que movió a la raza.

Ayer en redes sociales el fantasma de la tenencia reapareció. A ver raza, comentó Rodríguez Calderón, “díganme dónde recortamos el gasto para quitar la tenencia, encontremos la solución… necesitamos llegar al gobierno y ver qué hacer, no se decepcionen sabré cómo hacerle, ténganme paciencia, Dios primero encontraré la manera, ya verán”.

Seguramente el nuevo Gobierno tendrá que mantener la tenencia. Las necesidades de desarrollo del Estado, combinadas con sus actuales finanzas y las finanzas federales, terminan obligando a buscar salidas.

Pero la lección es dura, para políticos y ciudadanos: no se puede hacer campaña prometiendo al vapor. Menos aún con promesas imposibles, o promesas que en su conjunto forman un imposible. Ya conocemos el síndrome del quinceminutismo acuñado cuando Vicente Fox quiso meter mano al asunto de Chiapas.

Es cierto que Nuevo León y El Bronco dieron un golpe de timón al asestarle una sacudida excepcional a los partidos. Pero el independiente no planteó en campaña un modo distinto de proceder. Vaya, de lo poco que se recuerda de Felipe de Jesús Cantú, candidato panista, es que le cantó “Las golondrinas” a la tenencia.

El camino fácil de prometer en campaña sólo puede desembocar en otro síndrome: el de nadie me entiende. Suele llegar en los primeros cien días.

luis.petersen@milenio.com