La enseñanza de la simulación

Mientras las escuelas no tengan un presupuesto específico para su mantenimiento, las cuotas escolares seguirán vigentes, aunque estén prohibidas. Llámense como se quiera: aportaciones de las familias, participación de la mesa directiva, presencia de los padres, hay muchas formas de llevarlas al eufemismo. Pero serán cuotas, de una u otra forma obligatorias. Sin aceptarlo pero exigiéndolo. Y los alumnos seguirán aprendiendo que los problemas se resuelven así, mediante la simulación.

En general, las cuotas cubren elementos básicos de la vida cotidiana en la escuela. Desde fotocopias hasta papel higiénico, desde escobas hasta pintura. Cosas que resultan indispensables para lograr un ambiente mínimo para trabajar y aprender. Cosas que cuestan un dinero que no llega. 

Por supuesto que las escuelas en zonas marginadas requieren con mayor urgencia de un presupuesto de mantenimiento. La desigualdad en los ingresos no debería reflejarse tan fielmente en la calidad de los servicios educativos. En dichas zonas sí que cuesta trabajo llegar con la cuota a tiempo. El resultado es que las escuelas tienen un mantenimiento deficiente (por decir lo menos) y el ambiente es aún menos favorable para que los alumnos aprendan o para que los maestros enseñen. Los directores se desesperan y hacen hasta lo imposible por sacar algunos recursos de las familias. Obligatorio, diga lo que diga la ley. Simplemente se necesita.

El tema de las cuotas es parte de la Ley Estatal de Educación que el Congreso de Nuevo León aprobó ayer para hacerla concordante con la Reforma Educativa. Son modificaciones a 52 artículos, que incluyen las escuelas de tiempo completo, la necesidad de evaluar a los maestros y la orden de que si un maestro no logra un resultado satisfactorio en la tercera evaluación, será retirado las aulas.

Todo eso es muy importante. Sólo que si no va acompañado de un presupuesto para mantener y mejorar las escuelas, si se tienen que valer de trucos y amenazas veladas para conseguir las cuotas, si no hay un ambiente materialmente digno y afectivamente tranquilo, todos los esfuerzos se quedan a medias. Hay que prohibir las cuotas, sí,  y suplirlas por un presupuesto que iguale a todos en un ambiente adecuado. Porque si avanza la simulación, avanza la ignorancia.

luis.petersen@milenio.com