Cómo deshojar una candidatura

Se veía venir. Margarita se ha debilitado poco a poco. Ha recibido golpes diversos, es cierto. Algunos le dolían, otros la fortalecían. Un golpe duro fue la decisión de sus contrincantes de apoyar a Ivonne como candidata priista: anularon sus fortalezas igualándolas. Sus ventajas dejaron de ser únicas. Sus desventajas también. Pero el peor de los golpes viene de dentro, de sus apoyos partidistas flacos y de la forma como ella, Margarita, negoció con los liderazgos.

Estaba fuerte, se sabía fuerte, basada en los resultados de las encuestas y en su reconocido carisma. Quizá por eso en la mesa Nuevo León, donde se decidieron las candidaturas únicas y las contiendas internas, llevó la negociación hasta el punto de fractura. Las ligas se rompen si se les lleva más allá. Sabía y sabe que quien puede hacer el mejor papel panista, en cuanto a votos, es ella. Claro, sólo con el apoyo de los liderazgos del partido, que no estaban dispuestos a cederle el control.

En el momento en que Ivonne se presenta en el partido de enfrente y la garantía de triunfo desaparece, los demonios panistas se soltaron. Los líderes empiezan a pensar en su plan B, alertan a la dirigencia nacional de la nueva situación y, sobre todo, deciden de entrada no darle a Margarita todas las canicas. La lección del domingo pasado fue contundente, ya no en el plano de las palabras, sino en el de los hechos. El mensaje: los votos son nuestros, no tuyos. La gente de Margarita no salió bien librada en las candidaturas a diputado local.

En la tarde del lunes se acentuó la pendiente del tobogán y se hizo pública la ruptura entre Chefo y la ex alcaldesa. La nave hace agua, esta vez en serio. La candidatura de Margarita se deshoja poco a poco.

Les quedan días para recapacitar, tanto a los líderes y sus huestes disciplinadas como a los votantes líberos. Empezar de nuevo sería un error. Felipe de Jesús no es un candidato-milagro. Y un golpe de timón a estas alturas no deja bien parados ni al partido ni a sus capitanes, que aceptan con esto haber perdido el rumbo.

Una vez más.

luis.petersen@milenio.com