A río revuelto, ganancia de delincuentes

Al asesinato de los policías de San Pedro la noche del viernes se añadió la balacera contra ministeriales de Santa Catarina el domingo. Y estos hechos se suman a una lista preocupante de ataques a policías municipales, estatales, ministeriales y custodios de prisiones desde hace un año, el 9 de mayo de 2016 en que dos policías investigadores estatales fueron asesinados en un estacionamiento de Gómez Morín.

No hay que perder la memoria. En agosto de 2016, un policía de San Nicolás murió por las balas de cuatro hombres que intentaban robar un cajero. En octubre cayó un policía de Guadalupe en Junco de la Vega y Alfonso Reyes después de una persecución. En enero, ya en este año, un policía de San Nicolás fue asesinado con arma larga en el municipio de Escobedo. En febrero murió baleado dentro de su auto un agente del Ministerio Público Federal en avenida Leones. En marzo, dos policías de Guadalupe fueron atacados a balazos a bordo de su patrulla sobre la carretera a Reynosa.

En abril mataron a un custodio carcelario... Son muchos y no hay quién se salve del riesgo. Esto recuerda la escalada de violencia hace unos años, que comenzó con una clara amenaza a las corporaciones policiacas. Amenaza doble: plata o plomo, corrupción o riesgo de ataques, hasta que llegó el momento en que un alto porcentaje de los efectivos policiacos simplemente respondía a otros jefes. Se hizo un esfuerzo de unidad, al menos en esto.

Las circunstancias ahora no son exactamente las mismas, pero tienen mucho en común. La quiebra institucional es la otra cara de la moneda de la delincuencia. Y lo que resulta  increíble es que desde sus mismas cabezas, las instituciones insistan en debilitarse unas a otras en lugar de apoyarse. Claro que la politización de la seguridad está en parte detrás de la inseguridad: impide actuar en concierto y presentarse, a pesar de las diferencias, como un dique sólido ante los delincuentes. Las autoridades por cualquier razón se amenazan, se gruñen, se descalifican. A río revuelto...

luis.petersen@milenio.com